Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 21 noviembre, 2008 §
El pasado 3 de noviembre, el presidente de Lituania, Valdas Adamkus cumplió 82 años. Es el jefe de estado más viejo de Europa. Nació en 1926 en Kaunas (la segunda ciudad lituana más grande más grande y capital temporal durante la ocupación polaca de Vilnius entre 1920 y 1939). Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, su familia emigró a Estados Unidos, donde Adamkus permaneció durante medio siglo. Se formó en ecología y recibió la medalla de oro de la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU. por la calidad de su trabajo y el premio especial del Presidente de EE.UU. por servicios excepcionales. Poco después de que Lituania recobrara la independencia, regresó.
Ya estamos en el segundo mandato de Adamkus como presidente. Su primer mandato comenzó en 1998, convirtiéndose en el segundo presidente desde la recuperación de la independencia después de Algiradas Brazauskas. Perdió las elecciones para el segundo mandato frente a Rolandas Paksas, pero éste dejó el cargo al año y medio tras una moción de censura por supuestas filtraciones de material clasificado y otorgar la ciudadanía al empresario ruso Jurij Borisov a cambio de apoyo financiero. De modo que, tras las nuevas presidenciales de 2004, Adamkus regresó al cargo.
Lituania es una república semi-presidencial clásica. La influencia real del presidente en la vida política es limitada. Puede vetar cualquier ley que decida el Parlamento y devolverla para una segunda consideración, pero la Cámara puede votarla de nuevo y sortear así el veto. El presidente nombra y cesa a los funcionarios del Estado y, según la legislación, otorga la ciudadanía, condecoraciones, etc… Representar al país en la escena internacional también figura entre sus atribuciones.
Adamkus es un político popular. A menudo es citado como la “autoridad moral” de la política del país. Su apoyo es buscado por la mayoría de los partidos políticos. Él no milita en ninguno, aunque simpatiza más con los de derecha, sin perder margen para entenderse también con los de izquierda.
El presidente ha estirado al máximo su papel de jefe de Estado de una nación pequeña en la escena internacional. Contribuyó a calmar la situación originada durante la llamada Revolución Naranja en Ucrania a finales de 2004 junto al presidente polaco. También apoyó activamente a Georgia durante el último conflicto armado entre Georgia y Rusia. Esto encaja con el objetivo estratégico de Lituania de convertirse en un líder regional.
Las próximas presidenciales serán en 2009 y el próximo jefe de Estado no lo tendrá fácil. Adamkus es un político muy experimentado, que ha aprendido a encontrar compromisos junto a varias fuerzas políticas y con una autoridad consolidada en varios aspectos del funcionamiento del país.Es escuchado y muchos le hacen caso. Y esto es realmente una buena característica para un jefe de Estado.
Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 6 noviembre, 2008 §
Los conservadores recuperan el poder en Lituania
Después de la segunda de las elecciones en las circunscripciones de un sólo representante, quedó clara la composición final del parlamento lituano. Tras ocho años de gobierno por una coalición de centro-izquierda, los conservadores han vuelto al poder, y lo harán en coalición con las fuerzas de derecha (el acuerdo pertinente ya ha sido firmado).
Los conservadores ya ocupan 80 asientos de los 141 del nuevo parlamento, después de haberse unido el Partido de la Resurreción Nacional (Tautos prisikėlimo partija) y dos fuerzas políticas tradicionales, la Unión Liberal y de Centro (Liberalų ir centro sąjunga) y el Movimiento Liberal de la República de Lituania (Lietuvos Respublikos liberalų sąjūdis). Se espera que algunos candidatos independientes tambien se unan a la mayoría gobernante. La orientación de la nueva coalición puede ser descrita como de centro-derecha.
El responsable de formar el nuevo gobierno es el líder de la Unión Patriótica (Tėvinės sąjunga), Andrius Kubilius. A la vez, algunos esperan que el puesto de Presidente del Parlamento será ocupado por el antiguo showman Arünas Valinskas.
Los resultados han mostrado que los electores estaban decepcionados con los Socialdemócratas (Lietuvos socialdemokratų partija) y sus socios, que han permanecido en el poder durante los últimos ocho años. A pesar de que el Gobierno dimisionario del socialdemócrata Gediminas Kirkilas asegura que ha cumplido todos sus compromisos y planes, los lituanos no están de acuerdo. Es llamativo que, hace ocho años, los conservadores perdieron el poder de la misma manera, alienándose el apoyo popular.
El presidente, Valdas Adamkus, espera que la nueva coalición logre poner en marcha las reformas necearias, pero no siempre muy populares. Los expertos aseguran que el primer desafío para la coalición gobernante será el debate sobre los presupuestos del año que viene.
Todavía es difícil adivinar la fortaleza de la nueva coalición. Por un lado, tiene muchas posibilidades de tener éxito. La mayoría estable el parlamento debería permitir una toma de decisiones fluida. Sin embargo, algunos analistas políticos argumentan que pueden surgir problemas muy serios que pueden erosionar la coalición. Apuntan que la nueva coalición no está unida por afinidades ideológicas (la ideología del Partido de la Resurrección es todavía un gran puzle), sino por esferas de influencia política. En este momento, buena parte de la guerra de las ambiciones está presente, y la oposición puede utilizarlo en el futuro.
De todas formas, un cierto periodo de “espera expectante” ha comenzado. Sólo hay una cosa de lo que estar seguros: la eficacia de la nueva coalición quedará reflejada en el traajo de los nuevos parlamento y Gobierno.
Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 11 octubre, 2008 §
Durante estos días, varios funcionarios lituanos han expresado su preocupación por la baja actividad electoral de los ciudadanos que viven en el extranjero. El próximo 12 de octubre, las urnas no sólo abrirán en Lituania, sino en todas partes del mundo. Sin embargo, sólo una pequeña parte de los emigrados expresa su voluntad a través de las urnas. Teniendo en cuenta que el flujo migratorio sigue siendo considerable, la situación resulta preocupante.
Todo está listo para que los lituanos voten. No es difícil inscribirse para votar en el extranjero. Basta con enviar los datos de uno por correo electrónico o fax a la embajada o consulado, incluso el mismo día de las elecciones.
El mero hecho de que alguien esté registrado no implica que vaya a votar. Pero aún así, el número de los inscritos tampoco es muy alto. La mayoría de los electores en el extranjero residían en EE UU, según el censo de 2004. Hace cuatro años, 4.776 ciudadanos se registraron para votar, a pesar de que la diáspora en ese país es de más de medio millón de personas. El segundo país fue Rusia, con 1.594 electores y después, Alemania, con 1.278. Sólo 1.125 de los 200.00 residentes en el Reino Unido acudieron a votar y 287 de en Irlanda, de una comunidad de más de 100.000 personas.
Tampoco los 30.000 lituanos que residen en España pueden presumir de una gran conciencia democrática: solo 620 se inscribieron para las elecciones. De la misma manera que en el interior de Lituania, la actitud de los emigrados hacia las elecciones tampoco ha cambiado.
La pasividad de los lituanos residentes en el extranjero señala un hecho muy importante. Una parte importante de los emigrados se mantiene al margen de su propio país y pone todas sus ilusiones en su nuevo país de residencia. La vida política en Lituania deja de tener importancia para ellos.
Hace un tiempo, la pasividad de los lituanos emigrados podía explicarse por su situación de ilegalidad y el deseo de no tener nada que ver con institución oficial alguna. Desde que nos unimos a la Unión Europea en la primavera de 2004, algunos países europeos abrieron sus mercados laborales a los nuevos estados miembros. Hoy en día, quienes dejan Lituania por un futuro mejor tienen muchas más oportunidades de integrarse con éxito en los países de Europa Occidental.
Esto ha favorecido la tendencia a residir permanentemente en el extranjero, comparse una casa allí, e incluso naturalizarse en el nuevo país, lo que supone la pérdida automática de la nacionalidad lituana. Al mismo tiempo, el Gobierno lituano ha puesto en marcha campañas para atraer de vuelta a los emigrados que han resultado un completo fracaso. Parece que tendremos que asumir que los que se han ido, están perdidos para siempre.
Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 3 octubre, 2008 §
Desde el momento de la restauración de la independencia en 1990, Lituania ha seguido una política lingüística concreta dirigida a preservar y desarrollar la lengua llituana. La conservación de la identidad lingüística es un tema particularmente sensible para los países no muy poblados. Lituania fue rusificada y polonizada en el pasado, pero resistió y mantuvo sus los rasgos arcaicos de su lengua, que la hacen muy similar a las lenguas proto-indoeuropeas. Sin embargo, los expertos ven un nuevo desafío para el lituano en el siglo XXI: una avalancha de lengua inglesa, que poco a poco está adquiriendo el estatus de lengua internacional.
La preocupación por el futuro del lituano fue expresada en una conferencia lingüística internacional, que tuvo lugar en el edificio del Parlamento en septiembre. El inglés fue acusado de ser una lengua “asesina”, que elimina otras lenguas. Las lenguas más extendidas poseen un potencial natural mayor, a pesar de la política lingüística de la UE, que tiende a crear igualdad de oportunidades para todos los miembros de la Unión.
Durante los últimos cinco años, Lituania ha atravesado un periodo de emigración económica. Muchos van a trabajar a los países más desarrollados de la UE. Una parte de ellos, decide quedarse en el extranjero. El flujo principal de migración apunta hacia el Reino Unido e Irlanda; varios se dirigen a España. Por esta razón, el inglés es percibido como “una lengua de oportunidades para el futuro” en la conciencia pública de los lituanos. Los padres intuyen que es más importante para el niño aprender inglés que una de lengua materna. Muchos piensan que esto dará más oportunidades al niño.
Un elemento más que está afectando a la alfabetización de los jóvenes es Internet. Los ponentes señalaron que los espacios virtuales crean una forma simplificada de lenguaje, una jerga de Internet, a menudo basada en el inglés. Por ejemplo, la ortografía lituana contiene contiene algunos caracteres especiales para ciertas vocales y consonantes (vocales nasales, etc). Se ha observado que una parte considerable de los usuarios de Internet lituanos no los emplea en sus cartas, limitándose al alfabeto latino básico. A veces lo hacen para evitar problemas de codificación; otros, simplemente lo encuentran más sencillo. Los lingüistas no se ponen de acuerdo sobre hasta qué punto esta tendencia es perniciosa para la lengua, pero creen al mismo tiempo que hay que prestarle más atención a este fenómeno.
La lengua es uno de los elementos más importantes de identidad nacional en una Europa más unida, con una divisa común extendiéndose por todo el espacio europeo y con fronteras transparentes. Es difícil concluir si debemos temer o no a la globalización. Nadie discute que hablar varias lenguas sea una ventaja, pero la pérdida de la lengua materna puede ser considerada una tragedia. Es probable Lituania, como país pequeño con sus 3,5 millones de habitantes, en comparación con otros, la posibles consecuencias de la globalización parezcan sobredimensionadas.
Nota: La mayoría de los ciudadanos de Lituania puede hablar al menos una lengua extranjera. El censo de 2001 señala que cerca de 2,1 millones habla ruso. La mayoría de estos hablantes pasó buena parte de su vida bajo la URSS, con el ruso como lengua dominante. Unos 600.000 hablan inglés, la mayoría son jóvenes, a los que el inglés abre nuevas oportunidades. Otras lenguas, como el polaco, el alemán y el francés, están bastante extendedidas. (V.D.)
Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 26 septiembre, 2008 §
El pasado 22 de septiembre, estudiantes de varias universidades se juntaron para una acción de protesta. La manifestación fue convocada por la asociación de estudiantes de la Universidad Tecnológica de Vilnius. Fueron apoyados por sus compañeros de la Universidad de Vilnius y de la Academia de las Artes.
Durante la pasada primavera, el Tribunal Constitucional de Lituania aprobó una resolución que marcaba las pautas para determinar quién es un “estudiante de provecho”. La relevancia de esto es que, constitucionalmente, los “estudiantes de provecho” tienen la educación gratuita garantizada. Hace un tiempo, antes de los últimos cambios en Educación, la comunidad estudiantil consistía en dos grupos: los que estudiaban gratis y los que “pagaban en parte” por su educación. El semestre para los que “pagaban en parte” costaba sólo 520 litas (150 euros). Sólo los estudiantes que acudían a las clases vespertinas y los que lo hacían a distancia pagaban la matrícula completa.
Además, la Ley de Educación Superior estipulaba que entre los “estudiantes de provecho” estaba el 30% de los mejores estudiantes de cada carrera que obtuviera las mejores notas. Sin embargo, el uso de porcentajes para determinar el provecho académico fue declarado inconstitucional. De modo que se implementó un nuevo sistema este verano. Según las enmiendas a la ley, ahora un “estudiante de provecho” es aquel que tiene por lo menos una media de 8 puntos sobre 10. Pero esta novedad ha sido censurada también.

Los estudiantes más insatisfechos son aquellos de las universidades técnicas. Apuntan al hecho de que, tradicionalmente, los estudiantes de Ciencias Exactas tienen notas más bajas que los de Humanidades. Como bien señalan, con el nuevo sistema, sólo el 10% de los estudiantes de la Universidad Técnica sería considerado “estudiante de provecho”.
Al actual ministro de Educación y Ciencia, Algirdas Monkevičius, tampoco le gusta el nuevo sistema. Cree que lo lógico sería reconocer como “estudiantes de provecho” a aquellos que pasan el año sin tener asignaturas pendientes. Pero esta medida requeriría medios adicionales.
El escándalo está creciendo por algunos comentarios irresponsables de algunos funcionarios lituanos. En un principio, la implementación del sistema de los ocho puntos iba realizarse a partir del año que viene, de modo que fueran tomados en cuenta los resultados del semestre invernal. La misma decisión dejaba exentos de las tasa académicas a los estudiantes durante este semestre y el Gobierno se había comprometido a reembolsar a las universidades las pérdidas por no percibir las matrículas del comienzo del primer periodo.
Pero parece que no hay presupuesto. El Gobierno está buscando rápidamente los 8,3 millones de euros de la suma prometida. Mientras tanto, los rectores amenazan con empezar a cobrar las tasas a los estudiantes con una media inferior a los ocho puntos si las universidades no reciben los fondos ya mencionados.
Hay que señalar que todo esto ocurre en un contexto de quejas frecuentes por la calidad insuficiente de la educación superior y una sed malsana de los jóvenes por la universidad cuando faltan especialistas con formación profesional. Por una distorsión del mercado, un constructor lituano normal tiene bastantes más probabilidades de ganar más que la mayoría de los alumnos de las instituciones de enseñanza superior. Existe ya una tendencia ente los jóvenes de licenciarse sólo por el título y, por tanto, no trabajar después según los conocimientos profesionales adquiridos. Los empleadores prefieren contratar a menudo a los alumno con más experiencia profesional (llamados “licenciados en educación superior no universitaria”) sobre aquellos licenciados con amplios conocimientos teóricos acreditados.
Esta situación nos lleva a reflexionar acerca de la necesidad de una reforma radical de la educación superior para mejorar la calidad, estrechar lazos entre las universidades y el mundo de los negocios, reducir el número de estudiantes y de instituciones de enseñanza superior, concentrando a los mejores especialistas en las que queden, etc… Mientras todo eso no sean más que promesas, los estudiantes no quieren pagar, ni siquiera simbólicamente, una matrícula que no les garantiza un buen futuro. De hecho, esa era la principal razón por la que se manifestaron.
Foto: Imagen de la protesta realizada por los estudiantes universitarios en Vilnius el pasado 22 de septiembre (pumba_lt)