La mirada al Este, Chicago- El canal de televisión australiano SBS-1 emitió el pasado 18 de octubre un reportaje realizado este verano sobre las desapariciones de jóvenes y las violaciones de los Derechos Humanos por parte de las autoridades en la república norcaucásica de Ingushetia. En el metraje, el reportero Evan Williams entrevista al líder opositor y responsable temporal de la ya difunta página de noticias Ingushetiya.ru Maksharip Aúshev. Una semana después, Aúshev moría acribillado a tiros desde un coche en una carretera de la región.
El reportaje trata de encontrar una respuesta a los actos de violencia aparentemente gratuita que las fuerzas de seguridad de la Federación Rusa llevan a cabo contra los jóvenes varones de Ingushetia. Durante el reportaje, Williams también será informado del asesinato de una pareja de activistas que llevaba una ONG de atención a los huérfanos de las guerras en el Cáucaso Norte.
El trabajo de Williams tiene el valor de haber sido llevado a cabo en una zona de donde está prohibido sacar ningún tipo de información y en la que la represión y la situación de seguridad, que incluye desapariciones, atentados y un recrudecimiento de los enfrentamientos con la guerrilla islamista nacida de la guerra en la vecina república de Chechenia, hacen muy difícil el trabajo de la prensa. Llama también la atención sobre una situación de flagrante violación de los Derechos Humanos que la comunidad internacional continúa ignorando.
La primera parte del reportaje encabeza estas líneas. Las dos siguientes están a continuación:
Una triste historia tuvo lugar en la víspera del Día Internacional de la Mujer. El 7 de marzo, la defensora de los Derechos Humanos Yana Poliakova, atormentada por los esfuerzo conjuntos del sistema judicial bielorruso, la policía, los cuerpos especiales y los medios de comunicación oficiales, se suicidó. Si un caso así hubiera tenido lugar en cualquier democracia europea, las primeras páginas de los mayores periódicos lo hubieran presentado desde varios ángulos. Sin embargo, en Bielorrusia, la noticia sólo ha circulado en el pequeño circuito de la prensa independiente.
Yana Poliakova era una mujer de 36 años que vivía en la pequeña localidad bielorrusa de Soligorst junto a su anciana madre. Trabajaba para la organización no registrada Asistencia Legal a la Ciudadanía (registrar una organización de ayuda legal en Bielorrusia es algo imposible. Y ser miembro de una organización no registrada es castigado por el Código Penal), colaboraba con otras organizaciones de Derechos Humanos y formaba parte del grupo de militantes por Olga Kazulina en las elecciones legislativas de 2008. Olga es hija de un conocido líder opositor bielorruso encarcelado tras las protestas contra las elecciones presidenciales fraudulentas de 2006.
Cuatro días antes del suicidio, el juzgado del distrito de Soligorsk halló culpable a Poliakova de violación del artículo 400, apartado segundo, del Código Penal (falsificación intencionada de pruebas). Fue culpada de presentar pruebas falsas contra un policía y sentenciada a dos años y medio de libertad restringida cumpliendo la pena en una institución reformante. Sobre todo, fue condenada a pagar un millón de rublos (unos 240 euros) al policía Pugachiov como “compensación por el daño moral”.
En realidad, el agente Pugachiov y otros dos agentes de paisano sin uniforme la habían apaleado en septiembre de 2008, en la sede de la división local del ministerio del Interior. Poliakova se había negado a firmar unos papeles rehusando a coseguir firmas para Olga Kaulina.
Documentó las marcas de los golpes en su cuerpo y se dirigió a la oficina del Fiscal para que investigara al agente por excederse en sus atribuciones. Pero su petición fue rechazada a los diez días ¡Y en cuatro meses iniciaron un proceso criminal contra ella!
A pesar de que el personal médico que la atendió atestiguó que Yana presentaba señales de violencia, el tribunal sólo escuchó a los testigos del lado del policía (lo que resulta una práctica corriente en Bielorrusia cuando hay policías implicados. Otros policías declaran a su favor y el tribunal está siempre de su parte) y emitió una sentencia condenatoria para Yana. A pesar de los numerosos casos en los que la policía se excede en sus funciones, rara vez se inicia un proceso criminal contra agente alguno.
Sin aceptar la decisión del tribunal, Poliakova se dirigía a presentar un queja a la oficina del Fiscal cuando fue atacada por unos desconocidos que la golpearon fuertemente y le hicieron una dura “advertencia” acerca de sus actividades. Después de recibir asistencia médica, se dirigió a la comisaría a presentar una denuncia por el ataque, pero también fue agredida en la comisaría. Además, el personal de emergencias colaboró con la Policía (algo frecuente en Bielorrusia: los sanitarios emiten el diagnóstico que les piden los agentes o niegan la presencia de heridas o pruebas de golpes).
Finalemente, dos días antes del suicidio, el mayor periódico oficial, llamado Bielorrusia Soviética, publicó un artículo sobre Poliakova. Plagado de mentiras y hechos tergiversados (lo cual es corriente en la prensa oficial, un órgano de propagando más que un medio de comunicación auténtico), el artículo, firmado con el pseudónimo Jenofonte Superfosfatovich, insultaba a Poliakova en particular y a todos los defensores de los Derechos Humanos en general. El autor es, probablemente, el propio director del periódico, Pavel Yukubovich, al que excita sobremanera redactar panfletos bajo mútiples pseudónimos en contra de miembros de la sociedad civil, demócratas o cuqluiera que se oponga a la dictadura.
Incitación al suicidio
Atormentada física y moralmente, la joven tomó la decisión de suicidarse. Unos activistas de Derechos Humanos han anunciado que posiblemente se inicien un proceso criminal bajo el artículo 145 (“incitar a alguien al suicidio”). Pero esperara que policías brutales, un juez que emite sentencias políticamente motivadas y el director del mayor diario oficial del régimen sean, no ya encontrados culpables, sino siquiera acusados sería abiertamente naïve.
Yana Poliakova no es la primera víctima de la represión que se suicida. Incluso ha habido un caso de inmolación en 1998, cuando el abogado y activista de Derechos Humanos Alexei Filipchenko se prendió fuego frente al tribunal del distrito de Novopolock en protesta por la sentencia emitida contra su viejo cliente y la tiranía del sistema legal bielorruso. Murió de sus heridas unos días más tarde. También se suicidan ocasionalmente los jóvenes activistas acosados por los servicios especiales, a causa de las amenazas e intimidaciones de que son objeto.
Los órganos judiciales no están bajo el control de la sociedad civil. Como el sistema judicial y la Fiscalía no son independientes, emiten sentencias políticas. Están fuertemente atados al poder ejecutivo. Los prisioneros políticos bielorrusos señalan que una parte considerable de la población reclusa del país, está en prisión por razones políticas. Por ejemplo, el ex preso político Pasiukevich, agredido por un agente al ser detenido, pero encarcelado por “pegar a un policía”, estima que los presos políticos llegan al 5%. Esto parece irreal, pero mientras la Unión Europea presiona a Lukashenko para que libere a algunas figuras políticas reconocidas, miles de personas, ciudadanos corrientes, son encarcelados por el sistema legal injusto que florece en este país.
Imágenes: Moretones y pruebas de las palizas recibidas en el cuerpo de Yana Poliakova
¿Para qué necesita Lukashenka una central nuclear?
El 30 de septiembre, durante la sesión plenaria de Agencia Internacional de la Energía Atómica (IEAE, en sus siglas inglesas), la Asamblea General (parlamento) de Bielorrusia informó a sus miembros de que había decidido construir la primera central de energía nuclear en su territorio. Uno de los representantes permanentes de la República de Bielorrusia, Alexander Sychov, afirmó que la decisión había sido tomada tras sopesar cuidadosamente varias opciones para desarrollar la política energética del Estado.
El 31 de enero de 2008, Lukashenka firmó un decreto del Consejo de Seguridad acerca de la construcción de la central nuclear. Hay que destacar que el artículo 18 de la Constitución reza de esta manera: “La República de Belarus se pone como meta convertirse en un territorio no nuclear”.
Muchos científicos bielorrusos se oponen a la decisión de construir la central. Algunos de ellos establecieron en abril un comité llamado Para una Bielorrusia No Nuclear. Yégor Fediushin, presidente del Instituto Internacional de Tecnologías de la Información y miembro del comité afirmó que “durante toda la discusión sobre si construir o no la central, nadie ha citado ningún tipo de dato o prueba económica en defensa del proyecto para dotarnos de energía nuclear”.
Los científicos reunidos en el comité aprobaron un llamamiento a sus colegas bielorrusos y de otros países. Aseguran que “Bielorrusia es el país que más ha sufrido las consecuencias de la nuclearización pacífica [en alusión al desastre de Chernobil]”. Por esta razón, los científicos consideran inadmisible la instalación de armas nucleares, la instalación de centrales atómicas o el almacenaje de residuos nucleares en su territorio.
Para el ex presidente de la Academia Nacional de las Ciencias Alexander Voitovich “el asunto le fue ocultado a la sociedad y casi no ha sido discutido a un nivel de expertos, digamos en la Academia de las Ciencias. Ahora sé cómo se toman las decisiones, incluyendo la de la Academia de las Ciencias: una orden llega desde ‘arriba’ y todo lo demás se ajusta a ella. No hay ningún tipo de análisis objetivo”.
La disposición a construir una central nuclear puede ser percibida como una prueba de la superación de las consecuencias del desastre de Chernobil y una razón para cancelar los programas de ayuda a los afectados. Recordemos que, a consecuencia de la mayor catástrofe tecnológica nunca vista, que tuvo lugar cuando el 26 de abril de 1986 estalló el cuarto reactor de la central nuclear de Chernobil, un 70% de todos los elementos radiactivos fue dispersado por el sudeste de Bielorrusia.
Las autoridades ocultan las cifras reales de las consecuencias de la tragedia y siguen destinando tierras bastante contaminadas a la agricultura. En 1999, el director del Instituto Médico de Gomel, Yury Bandazhevsky publicó los resultados de sus investigaciones. Estos desaconsejaban los planes de las autoridades de volver a cultivar las tierras contaminadas por el desastre de Chernobil y eran críticos con la venta y exportación de vegetales radioactivos. Fue arrestado poco después de la publicación de su informe, en el que criticaba a las autoridades. Durante un mes, nadie supo dónde estaba. Hasta que lo encontraron en la cárcel, donde fue sometido a tortura psicológica, interrogado a menudo durante la noche y dormía en el suelo de la celda, donde trataba de abrigarse con periódicos.
Al vigésimo tercer día su falsa desaparición, y sin la asistencia de un abogado, fue acusado de aceptar sobornos de estudiantes que querían entrar en la universidad. En 2001 le sentenciaron a ocho años de cárcel. Los expertos independientes señalaron hasta ocho violaciones de las leyes de enjuiciamiento criminal en su proceso y los testigos principales se negaron a ratificar sus propias declaraciones juradas contra el profesor. De cualquier modo, fue condenado. La comunidad internacional lo reconoció como preso político y salió bajo una amnistía en 2005.
Algunos analistas se muestran sorprendidos por los planes para construir la central nuclear, ya que, según sus cálculos, el proyecto no será rentable para la economía nacional, sino que provocará una crisis económica. El combustible de uranio se ha vuelto realmente caro y el problema del enterramiento de los residuos nucleares sigue sin solución. Hace 30 años, la IAEA esperaba construir 170 reactores nucleares, pero hoy en día considera un buen año si se erigen tan sólo tres o cuatro.
Si su planteamiento es acertado, sólo queda una explicación posible a para qué ha decidido Lukashenka comenzar el proyecto. Recientemente, las centrales nucleares están apareciendo en países subdesarrollados. Algunos tienen la intención de fabricar plutonio para crear un arma nuclear ¿Piensa tal vez el último dictador de Europa colocar a Bielorrusia en la misma lista que China, Irán, Turquía, Pakistán, Corea del Norte?
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Con la mirada al Este
¿Qué ocurre en Rusia y en el espacio post soviético y qué significa para Europa y el mundo? Con esta pregunta, nos lanzamos al estudio regular de las noticias y la historia de la región a fin de entender mejor cuanto ocurre en una sexta parte del planeta.
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Pablo Veyrat y Aleg Pershanka, periodistas español y bielorruso, continúan la tradición de análisis de la realidad post-soviética iniciada en plena guerra entre Rusia y Georgia en el verano de 2008. Lo hacen sobre los archivos de La mirada al Este, un medio colaborativo entre varios periodistas de la zona que vivió a lo largo de 2009. En el plano artístico, los osos del dibujante Juan Rodríguez Morales nos ayudarán a ver la realidad desde otra perspectiva