Posts Tagged ‘Julia Zimmermann’

El valiente y el sensato

Julia Zimmermann (Varsovia) | 15 Diciembre 2008 in Análisis | Comentarios (3)

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El presidente Lech Kaczyński viajó a Georgia a apoyar a su gran amigo Mijaíl Saakashvili durante la celebración del quinto aniversario de la Revolución de las Rosas. Lo hizo con toda la discreción posible, pero al día siguiente se convirtió en el centro de atención al llegar informaciones asegurando que la caravana en que viajaba a visitar un campo de refugiados había sido tiroteada.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=enzvltLa_Ko]


Pero nadie recibió ningún disparo y los coches, ni un arañazo. El presidente Kaczyński se mostró visiblemente impresionado, pero tranquilo, durante la rueda de prensa que ofreció antes de volar de vuelta a Polonia. El presidente Saakashvili estaba casi feliz de tener nuevos argumentos contra los rusos (ambos aseguraban que los rusos les atacaron cerca de un control fronterizo surosetio). Casi enseguida, quedó claro que esa podía no ser la única posibilidad.

Aunque tanto las autoridades rusas y surosetias negaron rápidamente incidente alguno, el presidente y su portavoz estaban absolutamente convencidos de que habían sido atacados por los rusos. El presidente estaba convencido de haber oído disparos de Kalashnikov (ni los rusos son los únicos que los usan, ni los expertos están seguros de que sea posible determinar el tipo de arma automática empleada en esas circunstancias). Su portavoz, por otra parte, aseguraba haber escuchado hablar en ruso y, con toda seguridad, hablado por rusos (un oído excelente, capaz de determinar un acento a partir de unos gritos en pleno tiroteo). El presidente Saakashvili estaba utilizando el incidente como una prueba más de la ruptura de los acuerdos negociados en agosto con el presidente francés Nicolas Sarkozy.

Sin embargo, no todo el mundo estaba dispuesto a creer en un ataque ruso. Surgida de la nada, una teoría de la conspiración aseguró que todo el asunto del ataque era un invento de Kaczyński y Saakashvili para apoyar su política antirusa.

Más aún, varias voces han sugerido que arriesgar de esa manera su vida es algo bastante irresponsable para un jefe de Estado. Y las teorías sobre qué tendríamos que haber hecho si hubiera resultado herido o incluso muerto por los rusos han proliferado ¿Tal vez bombardear el oblast de Kaliningrado? ¿Y qué? ¿Comenzar la III Guerra Mundial? Incluso cuando Polonia formaba parte del Pacto de Varsovia, su territorio figuraba en los planes de guerra soviéticos como objetivo de los misiles atómicos de ambos bandos si la guerra se ponía caliente. Y como todo el mundo sabe, al contrario que en los archivos polacos, nada se pierde en los archivos rusos (sólo puede ser difícil de encontrar), de modo que, ahora que somos miembros de la OTAN, todavía pueden tener ese plan de acción dando vueltas por ahí. No, no es una buena idea.

Cuando los surosetios anunciaron que sí, que habian sido ellos (aunque su versión de los hechos, no es de extrañar, era algo distinta), el debate en Polonia ya estaba completamente centrado en el hecho de que el presidente no tenía a un sólo miembro del BOR (Biuro Ochrony Rządu, la Oficina de Protección Gubernamental) cerca en el momento del ataque; su coche estaba bastante más atrás en la comitiva presidencial y los agentes ni siquiera pudieron llegar porque los de la seguridad georgiana les dijeron… que se sentaran.

Pronto salió también a la luz que el comandante de la unidad del BOR resposable de la seguridad del presidente ni siquiera tuvo contacto telefónico con el presidente. Sin embargo, el presidente estaba convencido de que si le hubiera pasado algo habría sido por su propia culpa y que su viejo colega, el coronel Olszowiec no era responsable. El comandante general del BOR, el general Janicki, no lo vio así y decidió apartar a Olszowiec del servicio mientras se investigaba el caso.

El informe del Comité del Servicio Secreto anunciado el 27 de noviembre explicaba que la visita había sido decidida demasiado tarde; ir al campo de refugiados había sido planeado sin contar con ellos y el BOR no podía prepararla (ni siquiera tenía al personal o al equipo adecuado en Georgia). Como resultado, el presidente se vio al anochecer en una zona donde se habían desarrollado combates militares recientemente y sus guardias no estaban preparados.

El presidente, que planeaba una visita a Asia dentro de tres días reaccionó inmediatamente. Anunció que, evidentemente, sólo podia trabajar con personal de su confianza y que, si no podía ir con el coronel Olszowiec, no llevaría guardaespaldas del BOR consigo. La nueva crisis que amenazaba, ya que el BOR está obligado a enviar personal siempre que el jefe de Estado sale al extranjero, fue salvada por el propio Olszowiec, que intercedió por sus compañeros. El presidente accedio final y graciosamente a que le acompañran los agentes en cuestión.

Cuando la Fiscalía anunció que investigaría las posibles responsabilidades de haber puesto en peligro al Presidente del Estado en peligro, el mandatario bromeó que, pronto, le encontrarían culpable a él del crimen… Y partió para un largo viaje por Asia…


Vídeo: Información presentada por la cadena rusa en lengua inglesa Russia Today. Incluye el metraje del incidente e imágenes de ambos jefes de Estado durante la rueda de prensa que ofrecieron posteriormente.


Los zapatos del baile del presidente

Julia Zimmermann (Varsovia) | 26 Noviembre 2008 in Análisis | Comentarios (8)

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poloniaentreguerras

 

El 11 de noviembre es la fiesta nacional polaca, un aniversario simbólico de la recuperación de la independencia en 1918. Después de 123 años de no-existencia, Polonia tenía al fin su propio Gobierno (aunque, por entonces, había al menos dos entidades atribuyéndose tales prerrogativas, así como varias locales), su propio territorio (que dependía de la comunidad internacional y sus vecinos; las disputas con Lituania, Ucrania, Alemania y la recién nacidas URSS y Checoslovaquia terminaron con la Segunda Guerra Mundial) y sus propios problemas.

El nuevo estado todavía necesitaba el reconocimiento internacional (el de las potencias vencedoras). Paradójicamente, el primer país en reconocerlo fue Alemania, concentrada en sus problemas internos. Los mayores problemas consistieron en unir las partes de un país que antes pertenecía a tres estados diferentes, introducir una moneda común, llevar a cabo reformas sociales profundas (la más urgente era la de la propiedad de la tierra), gestionar la crisis económica de la posguerra y otros conflictos surgidos del hecho de que muchos ciudadanos polacos pertenecían a minorías nacionales y pretendían cambiar esto, por ejemplo, con las armas.

El reconocimiento internacional vino pronto, pero la definición de las fronteras seguía abierta. Al Este, Polonia combatía los ejércitos soviéticos que trataban de alcanzar la Alemania revolucionaria para apoyar a sus camaradas y la causa de la revolución mundial. Una parte de Lituania había sido incorporada a Polonia, Vilnius incluida, en una acción aventurera que dañaría las relaciones por los veinte años siguientes. Al Oeste, sólo triunfó un levantamiento polaco que logró incorporar una nueva región desde Prusia (por el éxito y la relativa falta de mártires, se dice que éste es el alzamiento polaco olvidado). Otras disputas con Alemania serían resueltas mediante plebiscitos auspiciados por la Sociedad de Naciones. Pero antes de las votaciones, la población alemana de los territorios en cuestión creció enormemente, por lo que sólo algunos municipios acabaron incorporados a Polonia. Las acusaciones de fraude se sucedieron, así como varios intentos, generalmente fallidos, de alterar los resultados mediante acciones guerrilleras. Bueno, aquellos fueron los gloriosos comienzos.

kaczinskioficialHace unos meses, el presidente Kaczyński comenzó su gira por Polonia. Ante la acusación de estar haciendo campaña presidencial encubierta (las próximas elecciones son en 2010) y de emplear dinero público para ello, se apresuró a presentar su idea de una celebración positiva del 90 aniversario de la independencia, cambiando la tradición de destacar la tristeza y el martirio. Una parte de su plan consistía en reunirse con ciudadanos de distintas (pero muy pobladas) ciudades por todo el país. La segunda parte iba a ser un gran baile el 11 de noviembre, que reuniría a los líderes de la mayor parte de Europa, si no del mundo entero. 

Los anteriores presidentes polacos tenían que ser invitados. Esto presentaba la perspectiva de imaginar al presidente Kaczyński cenando con el ex presidente Wałęsa mientras los tribunales decidían si el último había injuriado a Kaczyński y con el general Jaruzelski, ex presidente también, procesado en este momento por decretar la ley marcial en 1981. Teniendo en cuenta que media Europa celebra la fecha y que Polonia tiene una relación más bien tensa con, por ejemplo, Rusia, los periodistas no cesaban de preguntar quién había confirmado su asistencia por un lado y si el primer ministro Tusk y otros miembros del Gobierno (cuyas relaciones con Kaczyński no son precisamente excelentes) habían sido invitados.

La lista de líderes extranjeros que confirmaron asistencia fue tan corta que el baile quedó convertido en gala: un concierto de canciones patrióticas polacas y una cena solemne. Sólo fue invitado un ex presidente, Aleksander Kwaśniewski. Los miembros del Gobierno recibieron las invitaciones muy tarde y muchos sólo asistieron a la ceremonia oficial en la Tumba del Soldado Desconocido. Del mismo modo, los pocos invitados extranjeros, entre ellos, Angela Merkel, Mijaíl Saakashvili y Víctor Yúshchenko se fueron antes del concierto. A la vista del programa, consistente en arreglar viejas canciones patrióticas, la mayoría de soldados, para que sonaran melancólicas y encargar la actuación a artistas populares de la vieja guardia, no fue una mala idea. No podía salir bien. No hubo periodistas en la cena, pero algunos invitados han informado de que fue bastante aburrida. Iba a ser algo tan hermoso y terminó como siempre.

 

Mapa: Polonia, 1933.

Imagen: El presidente polaco Lech Kaczyński (Wikipedia).


¿Mucho ruido y pocas nueces?

Julia Zimmermann (Varsovia) | 19 Noviembre 2008 in Análisis | Comentarios (2)

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La Iglesia Católica ha desempeñado un papel muy concreto en la historia polaca. Durante el periodo del reparto de Polonia, cuando Polonia estaba dividida entre Rusia, Prusia y Austria (1795-1918), fue el núcleo de la resistencia. Esto fue especialmente cierto en Rusia y Prusia, cuyos regímenes eran percibidos como más opresivos y donde las religiones eran el Cristianismo Ortodoxo y el Luteranismo, respectivamente. Esto, desde luego, contribuyó a facilitar la relación entre religión y política). Durante la Segunda República polaca (1918-1939), al Iglesia perdió algo de su significado anterior, pero lo recuperó rápidamente durante la República Popular de Polonia. En un país comunista, la religión estaba amenazada. Los nuevos amos de Polonia se dieron cuenta pronto de que la Iglesia era algo más que “el opio del pueblo”, lo que derivó en una lucha por el alma de los ciudadanos. Pronto se hizo evidente que el competidor, a diferencia de los nuevos gobernantes, sí estaba bien arraigado en su papel de eje de la vida social en torno a la que se terminaría configurando la resistencia.

Las autoridades comunistas intentaron acabar con este obstáculo de muchas formas, pero fracasaron en la mayoría de los casos. Nada salió de la creación de una Iglesia leal al Estado, sólo un grupo de laicos que, a pesar de las oportunidades que les dieron, nunca se convirtieron en un grupo de referencia. El arresto de un icono sagrado en peregrinación por el país para celebrar el milenio de cristianismo sólo consiguió enfurecer a la gente. Los impedimentos para la construcción de nuevas iglesias sólo lograron que las comunidades locales se implicaran más en las nuevas parroquias. Los intentos de reclutar la mayor cantidad posible de sacerdotes para el SB (Służba Bezpieczeństwa, el servicio de seguridad) mediante el soborno, el chantaje y las amenazas hacia monjes y sacerdotes funcionaron a veces, pero no a gran escala. Los ataques a los partidarios más fervientes de la oposición entre los curas, que culminaron en el secuestro y asesinato de Jerzy Popiełuszko, impulsaron una resistencia más fuerte y crearon un nuevo mártir.

Mientras tanto, los KIKs (Kluby Inteligencji Katolickiej), clubes de la intelligentsia católica se convirtieron en centros de pensamiento no sólo religioso, sino también independiente. La carta de los obispos polacos a los obispos alemanes abrió el camino a la reconstrucción de las relaciones con la Alemania Federal en 1960. En 1977, Adam Michnik, uno de los opositores de izquierda más prominentes publicó un libro, “La Iglesia y la izquierda” mostrando que el ateísmo político de la izquierda no se sostenía y resultaba improductivo y, por tanto, proponiendo una alianza. El temible cardenal Karol Wojtyła, percibido como un posible sucesor del primado Wyszyński, símbolo de la resistencia pacífica, fue elegido Papa en 1978.

Y así, la Iglesia Católica polaca ha entrado en la nueva República de Polonia con la gloria de los luchadores por la libertad. En 1990, volvió a haber clases de religión en los colegios (dando a luz a muchas polémicas posteriores). Pronto comenzó la lucha por una ley del aborto (en el periodo comunista se empleaba más bien como un anticonceptivo más); ahora es posible bajo los mismos tres supuestos que en España; pero, en la práctica, aunque el aborto quede amparado por la ley, resulta muy difícil encontrar un médico que lo prescriba y otro que lo lleve a cabo sin alegar la cláusula de conciencia. Esto ha producido un floreciente negocio de abortos clandestinos. Ninguna fuerza política consolidada sacará el tema del matrimonio gay por miedo a la posible reacción de la Iglesia.

Pero lo que ha quedado en discusión ahora es la devolución de las propiedades que la Iglesia perdió durante el periodo comunista. Desde 1991, la Comisión Estatal trabaja a partir de las solicitudes de las parroquias y órdenes. No habría ningún problema si las propiedades pudieran ser devueltas, pero, tras la nacionalización, solían ser destinadas a uso público y ahora no pueden ser devueltas. Así que los solicitantes buscan otra propiedad del Estado de valor similar a la perdida y la piden a cambio. La reprivatización va mucho más despacio para los otros propietarios. Un experto de los solicitantes tasa el valor de la zona, al Comisión no lo comprueba y otorga la propiedad sin informar a otras partes interesadas, como las autoridades locales, sobre el movimiento antes de ser legal. Y la decisión es inapelable.

En las últimas semanas, algunas ciudades han protestado porque la comisión ha otorgado terrenos en los que planeaban construir, por ejemplo, colegios o comisarías, y porque el valor de los terreno había sido subestimado (en Varsovia, los expertos de la Iglesia tasaron un área en 30 millones de zlotys y las autoridades locales en 240 millones). La ciudad de Cracovia prepara una demanda al Tribunal Constitucional, alegando que la imposibilidad de apelar viola la Constitución. Ya se habla de introducir nuevas normas para el trabajo de la Comisión, como una segunda opinión sobre el valor de la zona e invitar a participar a las autoridades locales y estatales dueñas del suelo. Todo va muy bien, pero llega demasiado tarde: sólo quedan por resolver una décima parte de las solicitudes. Y la Iglesia dice que no existe ningún tipo de conversación al respecto.


¿Cómo gestionar una crisis económica?

Julia Zimmermann (Varsovia) | 30 Octubre 2008 in Análisis | Comentarios (0)

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No hay crisis económica en Polonia. Una constitucional parece ser una opción mucho más interesante. El presidente ha intentado causar el pánico en los mercados alguna que otra vez. Pero como no le ha funcionado, básicamente por las declaraciones de calma del Gobierno, ha dejado el tema y la ha emprendido con otro.

El primer ministro y el Gobierno en pleno se han esforzado desde el principio en asegurar que, de ninguna manera, hay crisis, así que han entrado fácilmente al juego del presidente. Los únicos que están preocupados por la crisis económica son aquellos que tienen créditos en divisas extranjeras, depósitos en el banco o los que han jugado en la bolsa.

Durante las últimas dos semanas, el resto del país ha estado ocupado con el asunto de quién debe encabezar la delegción polaca en la reuniones de la Unión Europea en Bruselas. Tenemos dos posibilidades: o enviamos un equipo de tres personas con el primer ministro [Donald] Tusk al frente, o un equipo de cuatro personas encabezado por el presidente. Finalmente, nuestros líderes políticos han logrado alcanzar una postura intermedia, que consistirá en enviar un equipo de cuatro personas dirigido por el primer ministro con el presidente sonriendo como un maníaco y tratando de mostrar su utilidad en la reunión. Antes, ya habíamos presenciado una extraña lucha por los aviones de la flota oficial y, durante la reunión, el asunto más discutido fue quién se sentaría en el pasillo ¿En qué consiste este circo?

La Constitución polaca de 1997 creó un sistema parlamentario. Pero no uno bien cohesionado. Para entender los obstáculos, hay que conocer la historia de su redacción. Después de la gran victoria de la, hasta entonces, oposición en las parlamentarias de 1989 resultaba evidente que había que redactar una nueva constitución. Uno de los primeros cambios en esa dirección fue la creación de la Oficina del Presidente, en sustitución del Consejo de Estado, un órgano colectivo. Aún no estaba muy claro si Polonia tendría un sistema parlamentario o presidencial, pero, en el entusiasmo que siguió a la recién recobrada democracia, se adoptó una solución típica de un sistema presidencial: elegirlo por decisión popular.

Y así, Lech Wałęsa se convirtió en el primer presidente de la (Tercera) República de Polonia. Esta elección tuvo un peso muy importante en el proceso posterior de diseño de la nueva constitución. era, y todavía es, un gran partidario del sistema presidencial en Polonia y, durante su mandato, hizo uso de varios trucos legales para acumular el mayor número de competencias posible (este proceso fue llamado falandisación, por el asesor legal del presidente en ese momento, Lech Falandysz). Esto llevó a los miembros del parlamento (dominado durante esta etapa crucial por los herederos del Partido Comunista y sus aliados) enfrascados en la redacción del borrador de la nueva constitución a decantarse de forma casi unánime por un sistema parlamentario.

Sin embargo, las elecciones de 1995 las ganó un representante de los ya mencionados herederos del Partido Comunista, Alexander Kwaśniewski. La redacción de la nueva constitución cambió de rumbo e introdujo inesperadamente nuevas prerrogativas para el presidente. De modo que acabamos con una constitución que obliga al presidente y al primer ministro a colaborar. Esto pareció funcionar durante los dos mandatos de Kwaśniewski, a pesar de que tuvo que cohabitar con primeros ministros o bien de los partidos de derecha o de su mismo partido, pero con los que tenía una mala relación personal, durante buena parte de su mandato.

Pero desde el momento en que el presidente Kaczyński tuvo que cohabitar, quedaron en evidencia las muchas debilidades de este sistema. El último enfrentamiento sólo ha sacado a la luz problemas que estaban resultando cada vez más patentes durante el ultimo año. Por si nadie se había dado cuenta, el presidente había dicho que podía hacer lo que le pareciera oportuno porque había sido elegido por voto popular.

En este momento, la Plataforma Cívica (PO, el partido del primer ministro Tusk) ha iniciado un proceso en el Tribunal Constitucional para obtener una definición clara sobre parte de las competencia del Presidente y del Primer Ministro en política exterior. Esperan aprobar una Ley de Competencias que regule todas las demás esferas de conflicto posibles, pero los últimos eventos han dejado claro que hace falta un cambio constitucional. Esto, sin embargo, no es tan fácil. Primero, porque el proceso es complicado y requeriría el apoyo del PiS, el partido del presidente. Y, en segundo lugar, porque parece que, de momento, el primer ministro Tusk todavía tiene en mente convertirse él mismo en Presidente en 2010, lo que llevaría a una situación similar a la ucraniana.

Pero, aún así, no tenemos que preocuparnos por ninguna crisis económica.

Imágenes : Arriba a la derecha, el primer ministro polaco, Donald Tusk (bartheq). El presidente Lech Kaczyński, abajo a la izquierda (Natalia Dobryszycka)


Los delirios polacos de grandeza

Julia Zimmermann (Varsovia) | 29 Septiembre 2008 in Análisis | Comentarios (3)

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Hace unos días, uno de los mayores diarios polacos publicaba los resultados de una encuesta que afirmaban que Polonia es el país más poderoso de los nuevos miembros de la Unión Europea y el séptimo entre todos los miembros de la Unión. Como los últimos días en política han proporcionado muchísimos otros temas interesantes en Polonia (básicamente, noticias sobre el impago de las pensiones alimenticias a los hijos), la noticia no ha sido muy comentada. Sin embargo, puede haber otras razones.

En primer lugar, la fuente puede resultar dudosa. La encuesta fue pasada a 50 políticos en Bruselas y Varsovia por una empresa de relaciones públicas. No hay que ser un psicólogo experto para sospechar que los políticos polacos pueden tener una visión distinta de su propia importancia a la del resto de Europa. Otro problema es quiénes eran los políticos preguntados en Bruselas y el hecho de que, en tercer lugar, la perspectiva de los que trabajan en Bruselas, difiere a la de los funcionarios de otros países miembros.

Pero lo más interesante es, probablemente, la reacción de los lectores a los resultados. O más bien, la falta de reacción. Normalmente, la nación polaca está llena de complejos, y se siente constantemente subestimada, olvidada e ignorada. Desde luego, todo esto tiene su origen claramente en la historia polaca. Sin embargo, hay algunos aspectos en los que la nación polaca se siente bastante fuerte, sin importar los hechos.

Por ejemplo, la tradicional posición de “vínculo entre el Este y el Oeste”. Polonia se ve a sí misma como puente ente la civilizada, aunque acartonada, Europa Occidental (Alemania, Reino Unido y Francia, sobre todo) y la salvaje, aunque mucho más vital Europa del Este (queriendo decir Rusia). ¡Ah!, bueno, de vez en cuando, alguien trata de explicar que el Este y el Oeste ya pueden comunicarse sin nosotros, pero esa posibilidad es rápidamente descartada alegando que sólo los polacos tienen características de ambos lados, que, por tanto, les permiten entenderlos.Todas esas explicaciones olvidan el hecho crucial de que nuestros vecinos, tanto al Este como al Oeste también se perciben a sí mismos como “vínculos entre Oriente y Occidente”. Pero esta forma de entender el papel del país en Europa es exactamente la razón por la que ignoramos los resultados de la encuesta: no nos cuenta nada nuevo, sólo es apoyo científico a lo que ya sabemos.

Decir que Polonia es el miembro más poderoso de los nuevos países de la Unión es, para la mayoría de los polacos, como afirmar que el cielo es azul. Desde luego que, además de ser el país más grande, con una economía muy fuerte, no hay que olvidar nuestro papel en la derrota del Comunismo. Este tipo de aguijonazos para el orgullo nacional, como el hecho de que Eslovaquia, merced de la política de Vladimír Mečiar estuviera a la cola de los países del Centro y el Este europeos y hoy no sólo es miembro de la UE y la OTAN, sino que va a introducir el Euro el año que viene, mientras que en Polonia no hay una fecha clara para ello, son simplemente ignorados y explicados por el peso e la economía polaca; no olvidemos que son 40 millones de habitantes comparados con 5,5 millones…

La cuestión sobre la posición en el ránking europeo del poder es más delicada. Por un lado, Polonia es el sexto país de Europa en términos de población y tiene una economía dinámica y en crecimiento. Por otra parte, los 50 años de pertenencia al bloque soviético (lo que tuvo grandes consecuencias socio-económicas, como rechazar las ayudas del Plan Marshall para desarrollar un sistema económico altamente ineficaz) tienen mucho peso y nos sitúan bastante lejos de los países de la vieja Europa.

En cuanto a la política comunitaria, las posiciones polacas suelen carecer de cohesión, se fundan demasiado a menudo en el resentimiento y mucho más en los intereses de grupos marginales pero capaces de hacerse oír (bueno, esto último quizá nos acerca más a la normalidad). Este hecho se vio confirmado por los datos de la encuesta que daban a Polonia una reputación de país problemático y alborotador. A la luz de las más antiguas  tradiciones polacas en las que el disentimiento y el bandolerismo son vistos como un símbolo de libertad, esto resulta del agrado de al menos algunos políticos y parte de la sociedad polaca.

De este modo, podemos dormir tranquilos y seguros de nuestra visión del mundo, ignorando el hecho de que puede haber otros ¡Ah!, y por cierto: no somos el Este, sino el Centro de Europa.