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Los zapatos del baile del presidente

Julia Zimmermann (Varsovia) | 26 Noviembre 2008 in Análisis | Comentarios (8)

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poloniaentreguerras

 

El 11 de noviembre es la fiesta nacional polaca, un aniversario simbólico de la recuperación de la independencia en 1918. Después de 123 años de no-existencia, Polonia tenía al fin su propio Gobierno (aunque, por entonces, había al menos dos entidades atribuyéndose tales prerrogativas, así como varias locales), su propio territorio (que dependía de la comunidad internacional y sus vecinos; las disputas con Lituania, Ucrania, Alemania y la recién nacidas URSS y Checoslovaquia terminaron con la Segunda Guerra Mundial) y sus propios problemas.

El nuevo estado todavía necesitaba el reconocimiento internacional (el de las potencias vencedoras). Paradójicamente, el primer país en reconocerlo fue Alemania, concentrada en sus problemas internos. Los mayores problemas consistieron en unir las partes de un país que antes pertenecía a tres estados diferentes, introducir una moneda común, llevar a cabo reformas sociales profundas (la más urgente era la de la propiedad de la tierra), gestionar la crisis económica de la posguerra y otros conflictos surgidos del hecho de que muchos ciudadanos polacos pertenecían a minorías nacionales y pretendían cambiar esto, por ejemplo, con las armas.

El reconocimiento internacional vino pronto, pero la definición de las fronteras seguía abierta. Al Este, Polonia combatía los ejércitos soviéticos que trataban de alcanzar la Alemania revolucionaria para apoyar a sus camaradas y la causa de la revolución mundial. Una parte de Lituania había sido incorporada a Polonia, Vilnius incluida, en una acción aventurera que dañaría las relaciones por los veinte años siguientes. Al Oeste, sólo triunfó un levantamiento polaco que logró incorporar una nueva región desde Prusia (por el éxito y la relativa falta de mártires, se dice que éste es el alzamiento polaco olvidado). Otras disputas con Alemania serían resueltas mediante plebiscitos auspiciados por la Sociedad de Naciones. Pero antes de las votaciones, la población alemana de los territorios en cuestión creció enormemente, por lo que sólo algunos municipios acabaron incorporados a Polonia. Las acusaciones de fraude se sucedieron, así como varios intentos, generalmente fallidos, de alterar los resultados mediante acciones guerrilleras. Bueno, aquellos fueron los gloriosos comienzos.

kaczinskioficialHace unos meses, el presidente Kaczyński comenzó su gira por Polonia. Ante la acusación de estar haciendo campaña presidencial encubierta (las próximas elecciones son en 2010) y de emplear dinero público para ello, se apresuró a presentar su idea de una celebración positiva del 90 aniversario de la independencia, cambiando la tradición de destacar la tristeza y el martirio. Una parte de su plan consistía en reunirse con ciudadanos de distintas (pero muy pobladas) ciudades por todo el país. La segunda parte iba a ser un gran baile el 11 de noviembre, que reuniría a los líderes de la mayor parte de Europa, si no del mundo entero. 

Los anteriores presidentes polacos tenían que ser invitados. Esto presentaba la perspectiva de imaginar al presidente Kaczyński cenando con el ex presidente Wałęsa mientras los tribunales decidían si el último había injuriado a Kaczyński y con el general Jaruzelski, ex presidente también, procesado en este momento por decretar la ley marcial en 1981. Teniendo en cuenta que media Europa celebra la fecha y que Polonia tiene una relación más bien tensa con, por ejemplo, Rusia, los periodistas no cesaban de preguntar quién había confirmado su asistencia por un lado y si el primer ministro Tusk y otros miembros del Gobierno (cuyas relaciones con Kaczyński no son precisamente excelentes) habían sido invitados.

La lista de líderes extranjeros que confirmaron asistencia fue tan corta que el baile quedó convertido en gala: un concierto de canciones patrióticas polacas y una cena solemne. Sólo fue invitado un ex presidente, Aleksander Kwaśniewski. Los miembros del Gobierno recibieron las invitaciones muy tarde y muchos sólo asistieron a la ceremonia oficial en la Tumba del Soldado Desconocido. Del mismo modo, los pocos invitados extranjeros, entre ellos, Angela Merkel, Mijaíl Saakashvili y Víctor Yúshchenko se fueron antes del concierto. A la vista del programa, consistente en arreglar viejas canciones patrióticas, la mayoría de soldados, para que sonaran melancólicas y encargar la actuación a artistas populares de la vieja guardia, no fue una mala idea. No podía salir bien. No hubo periodistas en la cena, pero algunos invitados han informado de que fue bastante aburrida. Iba a ser algo tan hermoso y terminó como siempre.

 

Mapa: Polonia, 1933.

Imagen: El presidente polaco Lech Kaczyński (Wikipedia).