Una acción callejera tuvo lugar en Minsk el 16 de enero. Una cadena humana con los retratos de los desaparecidos recordó uno de los eventos más importantes en la historia de la independencia de Bielorrusia. Como es habitual, fueron dispersados por la policía especial casi inmediatamente.
La historia de las desapariciones violentas de políticos en Bielorrusia es bien conocida en Europa. Una investigación independiente y adecuada de los casos de estas personas fue uno de los requisitos que la Unión Europea puso para mejorar las relaciones con Bielorrusia. Esto hace referencia a cuatro personas: Yuri Zajarenko (anterior ministro del Interior, desaparecido el 7 de mayo de 1999), Victor Gonchar (ex vicepresidente del Parlamento de Bielorrusia, desaparecido el 16 de septiembre de 1999), Anatoly Krasovski (empresario desaparecido con el señor Gonchar) y Dimitri Zavadski (cámara del canal ruso de televisión ORT, desaparecido el 7 de julio de 2000). Es de señalar que se celebraron elecciones presidenciales en 2001.
Cuatro personas del círculo más próximo a Lukashenko son sospechosas de asesinato político: el ex secretario del Consejo de Seguridad, previamente Fiscal General, Viktor Sheiman; el anterior ministro del Interior y ex ministro de Deportes y Turismo, Yuri Sivakov; el actual ministro del Interior, Vladimir Naumov y el anterior comandante de la Unidad de Reacción Rápida Especial bielorrusa, Dimitri Pavlichenko.

Hoy en día, parece claro que, anteriormente a las desapariciones, fueron empleados escuadrones de la muerte (unidades paramilitares) para hacerse cargo de jefes criminales y empresarios desleales al régimen.
Christos Pourgourides, miembro del Comité de Asuntos Legales y Derechos Humanos del Consejo de Europa, hizo constar su preocupación y sugirió que Dimitri Pavlichenko, junto a “altos cargos del Estado” habrían estado implicados en los asesinatos de varios personas, incluyendo a políticos veteranos. Afirmó que el entonces Jefe de la Policía Criminal de Bielorrusia, el general Lapatik, había acusado a Dimitri Pavlichenko del asesinato de Yuri Zajarenko en una nota manuscrita fechada el 21 de noviembre de 2000. También hizo constar sus sospechas de la implicación de Pavlichenko en las desapariciones de Victor Gonchar y Anatoly Krasovski.
Premio al acusado
La orden de arresto de Pavlichenko por el jefe del KGB bielorruso en 2000 aseguraba que “los materiales recogidos en la investigación contienen datos fiables que confirman que Dimitri Vasiliyevich Pavlichenko es el organizador y cabecilla de un cuerpo criminal dedicado al secuestro y a la desaparición física de personas. En concreto, el grupo criminal encabezado por D.V. Pavlichenko estuvo implicado en el asesinato de G.V. Samoylov, líder del RNE [una organización regional bielorrusa no registrada], así como en el asesinato de otros individuos”. Los funcionarios de la Oficina del Fiscal General también emitieron una orden de arresto para el Secretario del Consejo de Seguridad Viktor Sheiman, sospechoso de secuestro y asesinato de personas.
Sin embargo, todo cambió radicalmente en unos días. Pavlichenko salió de la cárcel por una orden personal de Lukashenko. El 27 de noviembre de 2000, el presidente también reemplazaba al Fiscal General y al jefe del KGB. El Fiscal General fue sustituido por… Sheiman.
Una cosa bastante divertida ocurrió en 2004. El diario local Udarnyj Front publicó una carta en apoyo a Lukashenko. Había en ella un poema que ensalzaba al Jefe de Estado. Incluía las siguientes líneas:
“Con paso firme y tranquilo
Unidos en el recto camino
Ni tormentas ni guerras nos acecharán
¡Con un presidente como éste!”
Sin embargo, los cumplidos resultaron ser una trampa: componían un acróstico con la frase “Lukashenko es un asesino”. El subdirector del periódico fue despedido fulminantemente. El poeta nunca fue encontrado, ya que los redactores habían tirado el sobre en que el texto llegó al rotativo.
Imagen: Manifestantes con retratos de los desaparecidos forman una cadena humana en las calles de Minsk el pasado día 16 (Julija Darashenka / Nasha Niva).
El dictador y sus fieles seguidores son bienvenidos; los demócratas no
El 13 de octubre, los ministros de Exteriores de la Unión Europea levantaron la prohibición de entrada a los países de la Unión a Alexander Lukashenka y a 35 altos cargos del Gobierno bielorruso por medio año. Sólo cinco personas se han quedado en la lista de vetados: la presidenta de la Comisión Electoral Central, Lidia Yarmoshyna y otros cuatro sospechosos de haber participado en los secuestros violentos de políticos de la oposición en los años 1999 y 2000. Estos son: el actual ministro del Interior Uladzimir Navumau; el ex secretario de Estado de Seguridad, Viktar Sheiman; el ex ministro Asuntos Internos, Yury Sivakou y el ex comandante de la brigada de tropas especiales de las tropas del Ministerio del Interior, Dimitrij Paulichenka.
La prohibición de viajar a la UE volverá a entrar en vigor en abril de 2009, a menos que que los 27 estados decidan lo contrario. La reimposición de la medida estará condicionada a las reformas que Bielorrusia realice en los campos de “la ley electoral (…) libertad de expresión y de prensa, así como en la libertad de reunión y asociación política”, según ha explicado la UE en un comunicado.
La decisión ha provocado contradicciones dentro de la sociedad. Por un lado, puede existir cierta impresión de que Bielorrusia se aleja de la influencia rusa de esta manera. Pero, por el otro, ahora Lukashenka y aquellos más leales a él pueden solicitar visados Schengen para viajar por toda Europa, mientras los activistas democráticos están en una lista negra especial de Interior que les impide salir del país por las razones más nimias. Y los bielorrusos corrientes tienen que pagar 60 euros por un visado Schengen, una tercera parte del sueldo medio mensual.
“El comportamiento de los europeos tiene una definición precisa y analogías claras en la historia. Se llama apaciguar al dictador”, afirmó Andrei Sannikau, ex viceministro bielorruso de Exteriores entre 1995 y 1996, hoy coordinador de la campaña Bielorrusia Europea. Asegura que la decisión de levantar la prohibición tiene todas las probabilidades de no dar los resultados que algunos europeos esperan. Sannikau está seguro de que el régimen autoritario no tomará la decisión como un gesto de buena voluntad, sino como una muestra de debilidad europea y de reconocimiento del actual desprecio por la ley e irresponsabilidad de los funcionarios actuales.
Durante la Cumbre Europea del 13 de octubre, el ministro de Exteriores bielorruso, Segéi Martinov habló de economía y ecología, pero no pronunció una sola palabra acerca de los Derechos Humanos y la libertad de prensa, que son las condiciones principales que pone la UE para levantar las sanciones contra Bielorrusia. “Bielorrusia espera profundizar sus relaciones con Europa”, afirmó después de reunirse con el Alto Comisionado para la Política Exterior de la UE, Javier Solana. Estas relaciones “son en interés de ambas partes: comenzando por la economía y terminando por la lucha contra el contrabando, la inmigración ilegal y la protección al tránsito de mercancías y al medio ambiente”, añadió. El mensaje no es nuevo en absoluto: no interfieran en nuestra política interior y régimen autoritario y nosotros colaboraremos en todo lo demás.
El diario alemán Die Tageszeitung afirmó que aquel fue “un día negro para Europa”. “La Unión Europea está rota por los déspotas orientales”, relataba el diario, refiriéndose también al dirigente de Uzbekistán Islam Kadírov. “La política europea no reacciona ante el uso de la gente como moneda de cambio en las negociaciones. Primero hay que arrestar a los ciudadanos sin razón aparente. Después, probablemente, torturarlos. Entonces ya están listos para ser empleados en las negociaciones con los europeos. Este método puede parecer útil si quieren que la UE haga concesiones. Pero no tiene nada que ver con reformas auténticas”, añadió.
Recuerdo la paliza a los jóvenes en 1 de mayo de este año. En ocación de la fiesta del Primero de Mayo y de la conmemoración de la ampliación de la UE al Este, varios jóvenes acudieron a un mitin. Allí, los soldados les arrebataron las banderas de la UE y los arrestaron sin razón alguna. Los chicos había salido a la calle desinteresadamente y esperaban que la UE les ayudara. Ahora están muy decepcionados.