Durante estos días, varios funcionarios lituanos han expresado su preocupación por la baja actividad electoral de los ciudadanos que viven en el extranjero. El próximo 12 de octubre, las urnas no sólo abrirán en Lituania, sino en todas partes del mundo. Sin embargo, sólo una pequeña parte de los emigrados expresa su voluntad a través de las urnas. Teniendo en cuenta que el flujo migratorio sigue siendo considerable, la situación resulta preocupante.
Todo está listo para que los lituanos voten. No es difícil inscribirse para votar en el extranjero. Basta con enviar los datos de uno por correo electrónico o fax a la embajada o consulado, incluso el mismo día de las elecciones.
El mero hecho de que alguien esté registrado no implica que vaya a votar. Pero aún así, el número de los inscritos tampoco es muy alto. La mayoría de los electores en el extranjero residían en EE UU, según el censo de 2004. Hace cuatro años, 4.776 ciudadanos se registraron para votar, a pesar de que la diáspora en ese país es de más de medio millón de personas. El segundo país fue Rusia, con 1.594 electores y después, Alemania, con 1.278. Sólo 1.125 de los 200.00 residentes en el Reino Unido acudieron a votar y 287 de en Irlanda, de una comunidad de más de 100.000 personas.
Tampoco los 30.000 lituanos que residen en España pueden presumir de una gran conciencia democrática: solo 620 se inscribieron para las elecciones. De la misma manera que en el interior de Lituania, la actitud de los emigrados hacia las elecciones tampoco ha cambiado.
La pasividad de los lituanos residentes en el extranjero señala un hecho muy importante. Una parte importante de los emigrados se mantiene al margen de su propio país y pone todas sus ilusiones en su nuevo país de residencia. La vida política en Lituania deja de tener importancia para ellos.
Hace un tiempo, la pasividad de los lituanos emigrados podía explicarse por su situación de ilegalidad y el deseo de no tener nada que ver con institución oficial alguna. Desde que nos unimos a la Unión Europea en la primavera de 2004, algunos países europeos abrieron sus mercados laborales a los nuevos estados miembros. Hoy en día, quienes dejan Lituania por un futuro mejor tienen muchas más oportunidades de integrarse con éxito en los países de Europa Occidental.
Esto ha favorecido la tendencia a residir permanentemente en el extranjero, comparse una casa allí, e incluso naturalizarse en el nuevo país, lo que supone la pérdida automática de la nacionalidad lituana. Al mismo tiempo, el Gobierno lituano ha puesto en marcha campañas para atraer de vuelta a los emigrados que han resultado un completo fracaso. Parece que tendremos que asumir que los que se han ido, están perdidos para siempre.