Por Pablo Veyrat § 30 diciembre, 2009 §

Project Syndicate, la salvación de muchos periódicos a la hora de encontrar tribunas de prestigio, ofrece un artículo de Sergéi Karaganov, veterano diplomático y académico ruso, de gran lucidez en la descripción de muchos aspectos de la Rusia de hoy. Apunta a la divergencia de valores y al mal trato dado por Occidente a Rusia desde el desmantelamiento de la URSS como las razones principales para que Moscú esté optando por alinearse con China.
El alejamiento de la democracia (una forma suave de llamar a la “democracia soberana” de Surkov), el expansionismo de la OTAN en la “esfera de influencia” rusa que Kagaranov considera defendida en la guerra ruso-georgiana de 2008 y la dependencia energética europea (recordemos que Rusia es el principal suministrador de petróleo a España, según La Moncloa) terminarían por alejar irremediablemente a ambas potencias. Todo esto es cierto, pero no puedo estar de acuerdo en su enfoque al describir la decadencia de Occidente frente a China, que señala como otra razón para que Moscú apueste “por una civilización que va rápidamente en ascenso”.
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Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 1 abril, 2009 §

Las consecuencias de los desórdenes que tuvieron lugar el 16 de enero en Vilnius todavía se hacen sentir en la vida política y pública lituana. Hace poco, ha trascendido que el Gobierno local de Vilnius trata de circunscribir los permisos para acciones de protesta a sólo los casos en que los organizadores garanticen que el número de manifestantes no superará los 300. Si no es así, no se emitirá el permiso.
Los estudiantes que tenían planeado protestar contra la reforma de la educación superior se han enfrentado a esta medida. El grupo civil “Por una educación superior accesible y de calidad en Lituania” no obtuvo permiso para manifestarse frente al Parlamento por no haber dado al Gobierno local garantías de que no acudirían más de 300 personas. Así, montaron un piquete de 10 personas (que no requiere permiso). Miembros del grupo se plantaron frente al Parlamento con la boca tapada en protesta por las nuevas limitaciones a la protesta.
En una nota de prensa, el grupo estudiantil consideraba absurdas las razones por las que no habían obtenido el permiso. Acusan al Gobierno de “violar la norma que salvaguarda el derecho a las reuniones de masas estipulado la Constitución”. No van a renunciar y esperan ver aprobada su manifestación el 1 de abril. Miembros de la campaña consideran inaceptable la restricción al numero de participantes. Hay que señalar que la población estudiantil supera los 200.000 individuos en Lituania, que alberga a unos tres millones de habitantes, y que la mitad de ellos estudia en la capital.
Hay razones muy claras para entender la preocupación del Gobierno local. Los estudiantes representan un amplio sector socialmente activo de la población proclive a echarse a la calle. En un momento de descontento generalizado, cualquier protesta puede llevar al desorden civil. La reforma de la enseñanza superior preocupa a los estudiantes y es criticada por varios académicos. De modo que hay motivos para dudar de la tranquilidad de la protesta.
Medida inconstitucional
Sin embargo,tratar de prohibir la protesta o restringirla con condiciones imposibles no es la mejor estrategia. El intento de no exponerse del Gobierno local vulnera efectivamente el derecho constitucional a “reunirse desarmados en concentraciones pacíficas” (artículo 36 de la Constitución de la República de Lituania). El Gobierno local se escuda en que trata de mantener el orden público (elemento señalado en el mismo artículo constitucional). Aún así, no parece una excusa perfecta.
De cualquier manera, los intentos de restringir el número de participantes en las acciones de protesta resultan preocupantes, ya que pueden ser el primer paso hacia restricciones más amplias de derechos civiles y libertades. Esperamos que el “espíritu de la democracia” triunfe, teniendo en cuenta que todos los políticos lituanos más relevantes afirman sus intenciones democráticas, incluidos los del Gobierno local de Vilnius.
Imagen: Vista del Seimas, el parlamento lituano, en Vilnius (Metro Vilnius)
Por Aleg Pershanka (Minsk) § 1 noviembre, 2008 §
El dictador y sus fieles seguidores son bienvenidos; los demócratas no
El 13 de octubre, los ministros de Exteriores de la Unión Europea levantaron la prohibición de entrada a los países de la Unión a Alexander Lukashenka y a 35 altos cargos del Gobierno bielorruso por medio año. Sólo cinco personas se han quedado en la lista de vetados: la presidenta de la Comisión Electoral Central, Lidia Yarmoshyna y otros cuatro sospechosos de haber participado en los secuestros violentos de políticos de la oposición en los años 1999 y 2000. Estos son: el actual ministro del Interior Uladzimir Navumau; el ex secretario de Estado de Seguridad, Viktar Sheiman; el ex ministro Asuntos Internos, Yury Sivakou y el ex comandante de la brigada de tropas especiales de las tropas del Ministerio del Interior, Dimitrij Paulichenka.
La prohibición de viajar a la UE volverá a entrar en vigor en abril de 2009, a menos que que los 27 estados decidan lo contrario. La reimposición de la medida estará condicionada a las reformas que Bielorrusia realice en los campos de “la ley electoral (…) libertad de expresión y de prensa, así como en la libertad de reunión y asociación política”, según ha explicado la UE en un comunicado.
La decisión ha provocado contradicciones dentro de la sociedad. Por un lado, puede existir cierta impresión de que Bielorrusia se aleja de la influencia rusa de esta manera. Pero, por el otro, ahora Lukashenka y aquellos más leales a él pueden solicitar visados Schengen para viajar por toda Europa, mientras los activistas democráticos están en una lista negra especial de Interior que les impide salir del país por las razones más nimias. Y los bielorrusos corrientes tienen que pagar 60 euros por un visado Schengen, una tercera parte del sueldo medio mensual.
“El comportamiento de los europeos tiene una definición precisa y analogías claras en la historia. Se llama apaciguar al dictador”, afirmó Andrei Sannikau, ex viceministro bielorruso de Exteriores entre 1995 y 1996, hoy coordinador de la campaña Bielorrusia Europea. Asegura que la decisión de levantar la prohibición tiene todas las probabilidades de no dar los resultados que algunos europeos esperan. Sannikau está seguro de que el régimen autoritario no tomará la decisión como un gesto de buena voluntad, sino como una muestra de debilidad europea y de reconocimiento del actual desprecio por la ley e irresponsabilidad de los funcionarios actuales.
Durante la Cumbre Europea del 13 de octubre, el ministro de Exteriores bielorruso, Segéi Martinov habló de economía y ecología, pero no pronunció una sola palabra acerca de los Derechos Humanos y la libertad de prensa, que son las condiciones principales que pone la UE para levantar las sanciones contra Bielorrusia. “Bielorrusia espera profundizar sus relaciones con Europa”, afirmó después de reunirse con el Alto Comisionado para la Política Exterior de la UE, Javier Solana. Estas relaciones “son en interés de ambas partes: comenzando por la economía y terminando por la lucha contra el contrabando, la inmigración ilegal y la protección al tránsito de mercancías y al medio ambiente”, añadió. El mensaje no es nuevo en absoluto: no interfieran en nuestra política interior y régimen autoritario y nosotros colaboraremos en todo lo demás.
El diario alemán Die Tageszeitung afirmó que aquel fue “un día negro para Europa”. “La Unión Europea está rota por los déspotas orientales”, relataba el diario, refiriéndose también al dirigente de Uzbekistán Islam Kadírov. “La política europea no reacciona ante el uso de la gente como moneda de cambio en las negociaciones. Primero hay que arrestar a los ciudadanos sin razón aparente. Después, probablemente, torturarlos. Entonces ya están listos para ser empleados en las negociaciones con los europeos. Este método puede parecer útil si quieren que la UE haga concesiones. Pero no tiene nada que ver con reformas auténticas”, añadió.
Recuerdo la paliza a los jóvenes en 1 de mayo de este año. En ocación de la fiesta del Primero de Mayo y de la conmemoración de la ampliación de la UE al Este, varios jóvenes acudieron a un mitin. Allí, los soldados les arrebataron las banderas de la UE y los arrestaron sin razón alguna. Los chicos había salido a la calle desinteresadamente y esperaban que la UE les ayudara. Ahora están muy decepcionados.
Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 11 octubre, 2008 §
Durante estos días, varios funcionarios lituanos han expresado su preocupación por la baja actividad electoral de los ciudadanos que viven en el extranjero. El próximo 12 de octubre, las urnas no sólo abrirán en Lituania, sino en todas partes del mundo. Sin embargo, sólo una pequeña parte de los emigrados expresa su voluntad a través de las urnas. Teniendo en cuenta que el flujo migratorio sigue siendo considerable, la situación resulta preocupante.
Todo está listo para que los lituanos voten. No es difícil inscribirse para votar en el extranjero. Basta con enviar los datos de uno por correo electrónico o fax a la embajada o consulado, incluso el mismo día de las elecciones.
El mero hecho de que alguien esté registrado no implica que vaya a votar. Pero aún así, el número de los inscritos tampoco es muy alto. La mayoría de los electores en el extranjero residían en EE UU, según el censo de 2004. Hace cuatro años, 4.776 ciudadanos se registraron para votar, a pesar de que la diáspora en ese país es de más de medio millón de personas. El segundo país fue Rusia, con 1.594 electores y después, Alemania, con 1.278. Sólo 1.125 de los 200.00 residentes en el Reino Unido acudieron a votar y 287 de en Irlanda, de una comunidad de más de 100.000 personas.
Tampoco los 30.000 lituanos que residen en España pueden presumir de una gran conciencia democrática: solo 620 se inscribieron para las elecciones. De la misma manera que en el interior de Lituania, la actitud de los emigrados hacia las elecciones tampoco ha cambiado.
La pasividad de los lituanos residentes en el extranjero señala un hecho muy importante. Una parte importante de los emigrados se mantiene al margen de su propio país y pone todas sus ilusiones en su nuevo país de residencia. La vida política en Lituania deja de tener importancia para ellos.
Hace un tiempo, la pasividad de los lituanos emigrados podía explicarse por su situación de ilegalidad y el deseo de no tener nada que ver con institución oficial alguna. Desde que nos unimos a la Unión Europea en la primavera de 2004, algunos países europeos abrieron sus mercados laborales a los nuevos estados miembros. Hoy en día, quienes dejan Lituania por un futuro mejor tienen muchas más oportunidades de integrarse con éxito en los países de Europa Occidental.
Esto ha favorecido la tendencia a residir permanentemente en el extranjero, comparse una casa allí, e incluso naturalizarse en el nuevo país, lo que supone la pérdida automática de la nacionalidad lituana. Al mismo tiempo, el Gobierno lituano ha puesto en marcha campañas para atraer de vuelta a los emigrados que han resultado un completo fracaso. Parece que tendremos que asumir que los que se han ido, están perdidos para siempre.