
Antes de la caída de la URSS, las relaciones entre Turquía y la Rusia soviética fueron muy inestables, especialmente a comienzos del período de la Guerra Fría. A pesar de los intentos por mejorarlas, quedaron arrinconadas y sin desarrollar. Las relaciones entre ambos países permanecieron tibias a pesar del acercamiento ruso poco antes de la caída de la URSS. La animosidad de siglos entre ambos países, la Guerra de Chechenia en Rusia y la implicación práctica de Turquía en esta, así como las relaciones de Moscú con el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) impidieron el progreso.
Entrando ya en el siglo XXI, podemos decir que las relaciones entre ambos países han mejorado. La política exterior multidireccional de Vladimir Putin y las malas relaciones con los países vecinos del gobierno del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, actualmente en el poder en Turquía) han acelerado las relaciones. Además de la cooperación económica, los eventos políticos en la región y en el mundo les han empujado a desarrollar la cooperación entre ambos países en campos clave como la seguridad, el transporte o la energía. Tal es así, que hace unas semanas, la revista económica rusa RBC abundaba en la necesidad de Moscú de buscar una alianza con Ankara. Si miramos también estadísticamente a las relaciones entre ambos países, vemos que Rusia es el segundo socio comercial de Turquía y que esta es el tercer mayor comprador de gas natural de Rusia en lo que va de año.
Asuntos como Chechenia o el PKK, que obstaculizaron las relaciones en los ’90, han pasado a tener una importancia secundaria a fin de mejorar las relaciones. Nuevamente, la sintonía política en cuanto a la presencia de la OTAN en el Mar Negro puede ser crucial en el desarrollo de las relaciones. Sin embargo, a pesar del mutuo interés y beneficio de ambos países, algunos asuntos, como la estrecha colaboración militar rusa con Armenia, la percepción turca de que Rusia no está dando los pasos adecuados en relación a Chipre y la presencia turca en proyectos energéticos (como el gasoducto europeo Nabucco) de los que Rusia desconfía, mantienen las relaciones entre ambos países por debajo de su potencial.
Sintonía en el Cáucaso
Recientemente, la visita del presidente de la República de Turquía, Abdulá Gül, la primera vez que un Presidente de Turquía ha visitado Rusia, ha tenido una gran importancia en la superación de los obstáculos a la mejora de las relaciones. Comercio, transporte y energía fueron discutidos a lo largo de esta visita. También lo ha sido la propuesta turca de pacificación del Cáucaso, la Plataforma de Paz y Estabilidad en el Cáucaso (PPEC).
El presidente ruso, Dimitri Medvedev, que afirmó que Rusia mantiene la misma postura que Turquía en cuanto a la estabilidad en el Mar Negro y el Cáucaso, encontró la PPEC aplicable y anunció su disposición a cooperar con Turquía en la materia. Por su lado, Gül anunció que ambos países tiene prácticamente los mismos puntos de vista en lso asuntos regionales e internacionales y que Turquía está dispuesta a profundizar en su cooperación multidireccional con Rusia.
Si miramos a las relaciones entre Rusia y Turquía a la luz de estos eventos, podemos afirmar que ambos países han recorrido ya una buena parte del camino a la hora de recuperar la cooperación y el diálogo. Los eventos internacionales y regionales continúan acercando a Turquía y a su “gran vecino del Norte”.
Imagen: El presidente turco, Abdulá Gül (izquierda), estrecha la mano del predidente ruso, Dimitri Medvedev el pasado 13 de febrero en Moscú (Daylife).
(A partir de hoy, Ali Saltan, sociólogo y fotógrafo turco, contribuirá a La mirada al Este con una columna quincenal sobre la perspectiva turca sobre el Cáucaso y el Mar Negro. Ali Saltan es el fundador de la revista de fotografía FotoRöportaj.org)
El partido de fútbol entre Turquía y Armenia de las eliminatorias de la Copa del Mundo del pasado 6 de septiembre de 2008 creó una atmósfera favorable entre dos países que no mantienen relaciones diplomáticas desde mediados de los ’90. El hecho de que el presidente armenio, Serzh Sargsyan, invitara al presidente turco, Abdullah Gül, a ver juntos el partido en Yereván y que éste aceptara dio comienzo a un cambio en las relaciones entre ambos países.
Para entender mejor este cambio favorable, resultará útil examinar el mapa político y social de Turquía antes del partido, a principios de este nuevo siglo. En cierto sentido, los comienzos de esta década fueron los años en que los conservadores liberales de derecha y los liberales de izquierda pudieron hacer oír su voz. De modo que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), apoyado en la tradición conservadora y con su discurso liberal, obtuvo el poder en las elecciones de 2003 con un amplio respaldo social.
Gracias a este apoyo, y teniendo presente la gran importancia geopolítica de Turquía, el AKP se acercó de igual a igual a la Unión Europea y revolucionó la política exterior tradicional turca proyectando una imagen más fuerte, y a la vez más flexible, en Oriente Próximo. Esta nueva imagen encaja con aquella que Estados Unidos pretende modelar como una Turquía “democrática” como anticipo y arquetipo para las administraciones de los países de Oriente Próximo y el Cáucaso y de los estados musulmanes. Un ejemplo de esto, ha sido la implicación del país como mediador en el último conflicto entre Rusia y Georgia. En un intento de mantener su influencia en el Cáucaso, ha tenido que suavizar su postura respecto a Armenia.

Además, tras el asesinato del periodista y escritor Hrant Dink el 19 de enero de 2007, la reacción social, y mundial, empujaron al AKP a no descuidar el asunto armenio. A la luz de estos elementos, la situación cobra más sentido y el acercamiento turco-armenio, se nos aparece como una mutua relación benéfica de autoprotección en un mundo en el que los equilibrios de poder están cambiando.
“Pido perdón a los armenios”
Si volvemos al período inmediatamente posterior al partido de fútbol en Yereván, podemos decir que han tenido lugar varios eventos favorables y que aún quedan más por llegar. Aunque sin orden alguno, las reuniones sin condiciones entre los ministros de Exteriores de ambos países se están sucediendo. En estas reuniones, los políticos que integran ambas delegaciones intercambian gestos de simpatía constantemente.
Estos acontecimientos son una oportunidad para avanzar en el camino de la paz con iniciativas como las que comenzó Hrant Dink y propiciar la multiplicación de las voces que piden la paz. La campaña “Pido perdón a los armenios”, iniciada hace dos meses por un importante sector de los intelectuales turcos es un buen ejemplo de esto. La iniciativa invita a los ciudadanos a rechazar la insensibilidad mostrada hacia los armenios por la negación de la Gran Catástrofe a la que los armenios otomanos fueron sometidos en 1915, a rechazar esta injusticia y a empatizar con los sentimientos y el dolor de sus hermanos y hermanas armenios. A pesar de las reacciones contrarias que la campaña ha suscitado, los 30.000 firmantes han logrado constituir una plataforma social para los armenios turcos y, por otro lado, mantener frescas las relaciones con Armenia.
Además, en el transcurso del proyecto que hemos llevado a cabo con el fotógrafo Ruben Mangasaryan (un proyecto para fotografiar ambas culturas, formas de vida, etc.) hemos constatado que los habitantes de ambos lados de la frontera la quieren ver abierta. Armenios y turcos saben que el turismo y el comercio les beneficiará a todos con una frontera abierta. De modo que, con el conocimiento de que las tragedias y hostilidades del pasado no pueden aportar nada al futuro, esperan a que las fronteras sean abiertas.
Imagen: Vista de la marcha del funeral del periodista armenio asesinado Hrant Dink el 23 de enero de 2007. Más de 100.000 personas marcharon por las calles de Estambul en señal de duelo y protesta por su muerte (Kerem Özcan / Wikipedia).