La lengua bielorrusa, en peligro de extinción

Por § 19 enero, 2009 § 4 comentarios

gramatica-eslavonicaUno de los programas de radio local más populares en lengua bielorrusa ha desaparecido de antena recientemente. Los habitantes de la zona y varios escritores pidieron a las autoridades que lo renovaran, pero sin éxito. Como respuesta, les fue propuesto que lo pagaran de su bolsillo al precio de 20.000 rublos bielorrusos (unos 5 euros) por cada minuto en el aire.

Este no es más que un ejemplo más de tantos en Bielorrusia. Las autoridades estrechan permanentemente la esfera del uso de la lengua bielorrusa. Desde que Lukashenko llegó al poder en 1994, la rusificación ha ido ganando terreno. Tres cada cuatro estudiantes de secundaria recibía su educación en bielorruso entonces ¡Hoy son menos del 20% los que lo hacen! Cerca de 1.000 institutos han cambiado su lengua de instrucción al ruso desde que Lukashenko fue elegido.

Precisamente un año antes de su llegada al poder, Lukashenko promovió un referéndum. Entre las preguntas, figuraba la adopción del ruso como lengua oficial y el cambio de los símbolos nacionales por una versión modificada de los soviéticos. La mayoría votó a favor. Claro, Bielorrusia fue la república nacional más sovietizada de todas. Sin embargo, los resultados oficiales continúan bajo sospecha. Más aún, la legalidad del referéndum sigue siendo muy cuestionable.

Desde entonces, la situación ha cambiado de forma dramática. Aunque de iure ambas lenguas son cooficiales, de facto sólo hay una: el ruso. Rara vez se oye a nadie hablar en bielorruso puro en las calles de las ciudades bielorrusas. Los derechos de los hablantes de bielorruso son constantemente violados. Es extremadamente difícil organizar grupos de hablantes de bielorruso en los colegios y jardines de infancia. No hay institutos con el bielorruso como lengua de instrucción. Las instituciones no la emplean como lengua de trabajo y nunca responden en esta lengua a las preguntas, orales o escritas, de los ciudadanos hablantes de bielorruso.

Lukashenko es probablemente el único gobernante del mundo que no habla la lengua que da nombre a su país. A pesar de tener un fuerte acento bielorruso, nunca hace discursos en esta lengua y denigra la lengua bielorrusa siempre que tiene ocasión.

Lengua materna

La  situación se vuelve aún más extraña si uno tiene en cuenta que la mayoría de los ciudadanos del país considera el bielorruso su lengua materna, y no el ruso. El censo de 1999 señala que un 73,7% de los ciudadanos respondió que el bielorruso era su lengua materna (el 65,5% en 1989).

Hoy en día, Bielorrusia se está convirtiendo en un país monolingüe. Muchos jóvenes estudian bielorruso como lengua extranjera y hablan mejor el inglés que una de las lenguas nacionales. Hace unos años, el ministerio de Educación reimprimió los manuales escolares de la asignatura de Historia de Bielorrusia en ruso y hace un par de años esta asignatura desapareció del currículo escolar. Hoy en día sólo se enseña historia general en Bielorrusia, y la del país es una pequeña parte de esta. Difícilmente existe algún país europeo en que la asignatura de la historia nacional no esté presente.

Bielorrusia ha sido históricamente un país multicultural. En los años 20 del siglo pasado había cuatro lenguas oficiales en la Bielorrusia soviética: bielorruso, ruso, polaco y yiddish. A partir de los años 30, dio comienzo una fuerte rusificación, sólo interrumpida con la independencia de 1991 y retomada en 1994. La lengua y la cultura bielorrusas sufren una fuerte presión y están en peligro de extinción. Si recordamos que el antiguo bielorruso disfrutó de un gran desarrollo hace siglos, siendo, de hecho, la lengua oficial del Gran Ducado de Lituania, la situación se ha invertido.

Imagen: Portada de la Gramatika Slavenska, editada en 1596 en Vilnius. Uno de los primeros intentos de sentar las bases de las lenguas eslavas, está considerada por algunos la primera gramática de la lengua bielorrusa.

¿Por qué sigue cayendo el rublo bielorruso?

Por § 16 enero, 2009 § Sin comentarios

El tema principal en Bielorrusia desde el 2 de enero es el tipo de cambio y la estabilidad del rublo bielorruso. Ese día, muchos ciudadanos fueron sorprendidos por una devaluación inesperada del 20,5% de la divisa nacional ¿Por qué sólo muchos y no todos? Como la mayoría no tiene acceso a medios de comunicación independientes, y los canales nacionales no le dieron mucha importancia a la noticia, se encontraron con la devaluación varios días después.

banconacionaldebielorrusia2La operación financiera resultó ser extremadamente cínica. Sin el análisis de expertos o cobertura informativa hasta el 5 de enero. Tan sólo una breve mención noticiosa, como si nada hubiera ocurrido. El informativo de la noche en el principal canal nacional ni siquiera mencionaba la devaluación. La apertura consistía en la inauguración del torneo de hockey de Navidad con premios otorgados por Lukashenko.

Entre tanto, los ciudadanos de Bielorrusia perdían hasta 1.000 millones de dólares en una sola noche. Esta suma es el 20,5% de los ahorros que la gente tiene depositados en rublos bielorrusos en los bancos del país. Una quinta parte de los ahorros de los ciudadanos ha sido sacrificada por un error económico del Gobierno.

Lukashenko había asegurado a los ciudadanos que no habría devaluaciones importantes de la divisa nacional. El 23 de diciembre pasado respondía así a un periodista: “A día de hoy, lo más importante es mantener la estabilidad. La estabilidad del rublo y la de todo el el sistema financiero. Hemos alcanzado los 2.200 (rublos por dólar) ¡Ya basta! Hasta aquí hemos llegado. Se lo hemos prometido a nuestro pueblo. Y se lo he dicho al director del Banco Nacional… ténganlo presente y Dios no lo quiera que rompa mi promesa. El año que viene, un 5% menos… mantenga este 5% de 2.200”.

El objetivo principal de la devaluación es reducir la pérdida en las reservas de oro y divisas del país. En otras palabras, impedir que la gente venda rublos por dólares, euros o rublos rusos. Muchos expertos señalan una devaluación del 20% no es suficiente para mejorar una situación con una balanza de pagos muy negativa. Sin embargo, puede haber sido bastante para hacer perder crédito a la divisa nacional. La historia muestra los ejemplos de Rusia y Ucrania en el pasado: basta que un 30% de los ciudadanos retire sus ahorros del banco para que el sistema bancario se desplome. Esto explica las apariciones de representantes del Banco Nacional en la televisión pública asegurando a los bielorrusos que no habrá más devaluaciones.

‘Renominalización’

El jefe del Departamento de Seguridad Informativa del Banco Nacional, A. Drozdov, desmintió como falsos rumores las informaciones acerca de una posible renominalización [reforormulación de la moneda a partir de su valor anterior, dando como resultado una nueva unidad por valor de varias de la anterior] de la divisa. Sin embargo, el pueblo tiene una memoria reciente muy vívida para dejar de creer en las autoridades, ya que Lukashenko les aseguró a lo largo de diciembre que la variación de la tasa de cambio no pasaría del 5%, para aprobar posteriormente una devaluación del 20,5%. De modo que muchos no creen ya y los rumores acerca de una posible y cercana renominalización se extienden con rapidez.

Renominalización es término familiar para muchos bielorrusos. Ya ha ocurrido dos veces desde la independencia: una en 1992 y la otra en 2000. Lo interesante esta vez es la posibilidad de la paridad entre los rublos ruso y bielorruso. Como 29 rublos rusos y 2.700 bielorrusos equivalen en este momento a un dólar, la paridad requeriría una mayor devaluación del rublo bielorruso y una renominalización de dos “ceros” para hacerlo similares a la divisa rusa.

Hace un par de meses, Putin expresó su creencia en que el rublo ruso se convertiría en la moneda regional. Más aún, el nuevo precio del gas ruso para Bielorrusia en 2009 no ha sido anunciado todavía ni por Minsk ni por Moscú. Las negociaciones están todavía en proceso y deben estar siendo bastante tensas. El lado ruso puedo aprovechar esta situación para presionar a Lukashenko a que admita al rublo ruso como moneda común de la llamada Unión de la Federación Rusa con Bielorrusia.

Imagen: Edificio del Banco Central de Bielorrusia en Minsk (Banco Nacional de Bielorrusia)

Lukashenko, obligado a dar un paso atrás

Por § 23 diciembre, 2008 § 2 comentarios

Acostumbrado a jugar entre Occidente y Rusia y a obtener considerables beneficios económicos de ésta asegurando ser su principal aliado, Lukashenko ha limitado extremadamente sus opciones. Sus relaciones con la elite rusa comenzaron a decaer a partir del conflicto petrolífero de finales de 2006.

lukashenjo-medvedevDurante la cumbre informal de San Petersburgo, Medvedev [el presidente ruso] encontro tiempo para reunirse personalmente con todos los líderes de la CIS, salvo Lukashenko. Él, por su parte, siguió comportándose de modo desafiante. En diciembre, su visita a Moscú, planeada de antemano, para la reunión del Consejo Superior de la llamada Unión [entre Rusia y Bielorrusia] fue pospuesta. La prensa rusa anunció que la cancelación del encuentro se debió a que la parte bielorrusa decidió incluir de pronto el asunto del gas en la agenda. Hace unos días, abandonó una sesión de la Asamblea Parlamentaria Ruso-Bielorrusa para irse a un pueblecito en Bielorrusia. Hay que destacar la presencia de los presidentes de los parlamentos de Osetia del Sur y Abjazia en aquella reunión. Al aprecer, Rusia espera que el parlamento bielorruso controlado por Lukashenko reconozca la independencia de estos estados autoproclamados.

Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba y enero, el plazo para concretar un nuevo precio para el gas, se acercaba, Lukashenko tuvo que coger el teléfono, llamar a Medvedev y proponer una visita para ayer.

El presupuesto de Bielorrusia para 2009 estaba calculado contando con un recio de 140 dólares (unos 100 euros) por cada mil metros cúbicos de gas, lo que resulta bastante sorprendente e incongruente si tenemos en cuenta que, según los cuerdos firmados por ambas partes, el precio a partir de enero de 2009, debería rondar los 200 dólares (unos 140 euros). Varios expertos aseguran que este precio resulta catastrófico para la economía. Y, en la medida en que el precio del gas es más bien un asunto político más que económico en las relaciones bielorruso-rusas, en el sentido de que alimenta la fidelidad política, las autoridades de Minsk esperan acordar un precio menor a cambio de ciertos acuerdos en las relaciones.

Situación delicada

Por un lado, el precio del gas podría mantenerse al mismo nivel o crecer al margen de la la tercera caída consecutiva del precio del petróleo. Por el otro, los directivos de Gazprom han anunciado que no ven razones para venderle el gas a Bielorrusia por menos de 200 dólares.

El martes pasado, las declaraciones de Lukashenko acerca del gas fueron eliminadas o tuvieron una presencia marginal en las agencias de noticias oficiales. Había dicho que las negociaciones son duras cada año y que este no iba a ser distinto. La omisión de estas fechas puede entenderse si uno piensa que este conflicto, a diferencia del de 2006, supone una amenaza mucho mayor para Lukashenko dada la situación económica actual.

Hace dos años, el intento de hacer que Rusia mantuviera un precio bajo desato el pánico en la sociedad acerca de la posible devaluación de la moneda bielorrusa. Los ciudadanos vendieron mucha moneda cambio de divisas extranjeras, pero esto apenas supuso un problema. Causar problemas en las negociaciones supone un alto riesgo en un momento en que Bielorrusia está perdiendo 500 millones de dólares (unos 358 millones de euros) mensuales en reservas de oro y divisas, siendo estas de tan sólo 2.000 millones de dólares (unos 1.433 millones de euros) por el momento. Cualquier afirmación fuera de tono puede tener consecuencias catastróficas para el sistema bancario. Y los problemas económicos están poniendo en su lugar al que fuera un dictador seguro de sí mismo.

Imagen: El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko (a la izquierda), estrecha la mano del ruso Dimitri Medvedev a su llegada ayer a Moscú (AP vía Daylife)

Una política económica soviética agrava la crisis

Por § 16 diciembre, 2008 § Un comentario

manipequenosempresariobielos

Como las críticas en un régimen autoritario son mucho menores que en las democracias, la posibilidad de acertar en las decisiones del Gobierno es menor, y la posibilidad de poner en marcha una política fatal mucho mayor. Especialmente si los funcionarios, sobre todo el principal (el Presidente), se empeñan en seguir conceptos de gestión de la época pasada, por ejemplo, del sistema soviético.

Uno de los eslóganes más importantes de la propaganda del régimen, si no el que más, es que Bielorrusia representa una isla de estabilidad, mientras que los conflictos sociales, económicos, políticos y militares ocurren, sobre todo, en los países vecinos y, por lo general, en el resto del mundo.

A diferencia de en otros países postsoviéticos, ni la terapia de choque ni las mínimas reformas económicas fueron llevadas a cabo en el país. Por un lado, esto evitó un período de escasez y alto desempleo, como sucedió en los países bálticos. El paro en Bielorrusia no solía ser tan alto como en los países vecinos y la gente trabajaba por, al menos, el salario mínimo. Desde que Lukashenko comenzó a desarrollar una política prorrusa, el régimen ruso pagó su lealtad política con ciertas regalías económicas. Bielorrusia podía comprar gas ruso al precio del mercado interior y revender petróleo ruso refinado a Occidente. El negocio con la energía rusa barata apoyó la economía del país hasta constituir un 10% de su PIB anual. Además, los bienes bielorrusos no se veían sujetos a ninguna restricción en el vasto mercado ruso.

Estos dos privilegios jugaron una mala pasada a la economía del país. Al obtener beneficios de la nada, Lukashenko y sus gestores no reformaron la economía, sino que levantaron un sistema centralizado de tipo soviético que, consistentemente, oprimía la iniciativa privada y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa. Como resultado, la tasa de paro actual en Bielorrusia supera a la de cualquier país vecino, mientras que más de un millón de ciudadanos trabaja estacionalmente fuera, la mayoría en Rusia. Por descontado que el paro en Bielorrusia es, oficialmente, del 1%, ya que los estadísticos emplean los trucos más retorcidos posibles.

Hace como un mes, Lukashenko, negándose a admitir las consecuencias de la crisis económica y a renunciar al concepto de estabilidad, anunció que la crisis no llegaría a Bielorrusia. Sin embargo, las declaraciones optimistas del Gobierno se terminaron a las dos semanas, cuando se hizo evidente la velocidad a que caían las reservas de oro y la cotización del rublo bielorruso. Como muchas empresas ya no podían vender su producción en el extranjero, comenzaron los despidos en masa y la caída de los salarios.

Las autoridades respondieron a la manera soviética. En lugar de otorgar más libertad a la iniciativa privada, decretaron la prohibición de importar una gran cantidad manufacturas y productos de alimentación. Desde luego, la medida haría subir los precios para los consumidores, pero difícilmente estimularía la compra de la producción bielorrusa. Sin embargo, esto resulta incomprensible para los gerentes de tipo soviético.

Marcha de protesta

Las pequeñas y medianas empresas, la base de las economías de los países más desarrollados, son constantemente oprimidas en Bielorrusia. El último informe del Banco Mundial y del proyecto Doing Business sitúa a Bielorrusia en el último lugar del mundo, el 178, en materia de impuestos y obligaciones (hasta 124). El 1 de enero de 2009, el punto 3 del decreto presidencial “Acerca de algunas medidas para regular las actividades emprendedoras” espira. Esto significa que los empresarios tendrán que pagar los aranceles por los bienes que importen de Rusia, lo que terminará con los negocios de muchas pequeñas empresas.

Ayer, los empresarios organizaron una marcha de protesta en Minsk por esta razón. El invierno pasado ya organizaron otros tres eventos similares, pero no resultaron muy numerosos. Es de señalar lo activos que en ellos se mostraron los jóvenes. Como resultado, las autoridades abrieron procesos políticos contra 14 activistas juveniles. El último de ellos, Aliaksandar Barazenka, de 20 años, fue sentenciado a un años de libertad vigilada, sin necesidad de ingresar en ninguna institución especial, hace tan sólo unos días. Aunque los testigos no le incriminaron y las grabaciones presentadas no le mostraban cometiendo ninguna ilegalidad, el juez lo halló culpable de infringir el artículo 341-1 del Código Criminal (organización y preparación de acciones que violan flagrantemente el orden o tomar parte activa en ellas).

Aunque las actuales autoridades busquen eliminar del todo los pequeños negocios privados, y el propio Lukashenko prometiera hace algunos años estrecharle la mano al último emprendedor, parece que la crisis mundial y el hundimiento de la economía les hará corregir los planes. Sería estúpido por parte del Gobierno eliminar miles de pequeños negocios y convertir en parados a miles de personas. Sin embargo, los economistas de tipo soviético pueden pensar de otra forma, de modo que otra equivocación económica fatal es bastante probable.

Imagen: Vista de la manifestación de pequeños empresarios celebrada ayer por la tarde en Minsk que reunió a unas 3.000 personas (Yulya Darashkevich / Nasha Niva)

Patatas e identidad nacional

Por § 3 diciembre, 2008 § Un comentario

 

Bajo el mandato de Lukashenko, Bielorrusia se ha convertido en una excepción notable entre los en transición desde la antigua Unión Soviética. Esto se debe, no sólo a su abandono del flujo democratizador y conversión a la economía de mercado, sino por constituir un ejemplo único de fracaso a la hora de crear una nación post-soviética legítima.

Los símbolos nacionales están prohibidos y el uso público de la lengua bielorrusa es acosado constantemente. Incluso la asignatura escolar Historia de Bielorrusa se enseñó el año pasado en ruso y ha desaparecido del currículo para este curso. Ahora forma parte de asignatura de Historia Universal. Las autoridades temen el desarrollo de la identidad nacional y continúan sembrando mitos sobre la eterna amistad entre bielorrusos y rusos.

En este contexto, es interesante fijarse en el asunto de los motes. Durante una entrevista con el presidente ucraniano Yuschenko para el canal ICTV el martes pasado, dijo: “Tenemos que alejarnos del tópico de los ‘hermanos pequeños’, somos diferentes”. No somos malorosas (pequeños rusos) ni jajoles”. Esta semana, se celebra un festival de la patata en la ciudad bielorrusa de Babrujsk bajo el nombre de “Somos bulbashas”. La iniciativa partió del Comité del Departamento de Educación de la Ciudad.

Permítanme explicar qué significa jajol y bulbasha. La palabra jajol es de origen mongol y se emplea habitualmente para denostar a los ucranianos, especialmente por los imperialistas rusos. Bulbash es un mote por el se conoce a los bielorrusos en la zona post-soviética. La palabra deriva de la utilizada para referirse  la patata. Alcanzó las leguas centroeuropeas a través del latín, bulbus. Los bielorrusos son conocidos históricamente por comer muchas patatas y por tener varios platos hechos con ellas.

La patata apareció en Bielorrusia a finales del siglo XVII y comenzó usándose como planta decorativa y medicinal. Hasta mediados del XVIII, se cultivaba sólo en la propiedad real de los colonialistas alemanes. En un principio, los campesinos la miraban con desconfianza y la rechazaron. Probablemente, muchos desconocían que el tubérculo, a diferencia de la hoja, no es venenoso. Aunque pronto se convirtió en un cultivo muy extendido. El crecimiento de la producción llegó a crecer varios centenares por ciento en tan sólo la segunda década del siglo XIX. Por entonces, ya penetra en el folklore, aparecen canciones sobre ella y pasa a ser un elemento fundamental de la cultura campesina, el “segundo pan”, como terminó siendo conocida. En este sentido, los bielorrusos fueron como los irlandeses, y, a menudo, la patata fue el primero y único pan.

Bulbash no suena ofensivo para la mayoría de los bielorrusos cuando se usa por diversión y con buenas intenciones. Sin embargo, esto depende de la identidad nacional de la persona. Si a muchos habitantes del Oeste de Ucrania les parece ofensivo el término jajol,  a muchos en la zona oriental [de cultura y habla más cercanas a la rusa] les parece bien. Con bulbash ocurre lo mismo. No hace mucho, un grupo de ciudadanos denunció a la empresa de bebidas alcohólicas Dionis por atizar la crispación en el país. La empresa ha llamada Bulbash a su licor.

Aunque los festivales con motes nacionales pueden parecer inofensivos y una forma de reírse de uno mismo, en un Estado que desarrolla una política antinacional y opresiva hacia la lengua y la cultura nacionales, la percepción puede no ser igual.

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