Por Nicolas Mironov § 2 marzo, 2009 §
El profesor Nicolás Mironov, vicedirector de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional- Escuela Superior de Economía de Moscú, inicia hoy su colaboración con La mirada al Este. Mironov, experto en el sistema político ruso analizará regularmente las particularidades del sistema político en Rusia.
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Correlaciones entre Estado y soberanía popular en la Rusia moderna
Centrémonos en los problemas surgidos de los últimos intentos de la elite rusa de formular la llamada Idea Nacional y una Ideología de Estado basada en ella que resulte capaz de convertirse en el programa del bloque dirigente. Esta búsqueda tiene como objetivo principal revivir la unidad ideológica de la Nación, desorientada tras el colapso de la Unión Soviética y las fuertes influencias venidas de fuera durante los años ’90. La sociedad rusa ha demostrado no estar preparada para vivir sin una ideología oficial. Los expertos comenzaron a desarrollar la idea de una programa nacional durante el segundo mandato presidencial de Vladimir Putin (2004-2008). Hoy, ya está delineada claramente.
Existen numerosas fuentes sobre el desarrollo de la ideología oficial (programas, actos y publicaciones). Entre ellos, figura la colección Democracia soberana, impresa antes de la campaña electoral de 2007-08. Este concepto, democracia soberana, ha pasado con éxito la prueba de ser programa electoral del partido dirigente- Rusia Unida-, cuya lista electoral estaba encabezada personalmente por el propio presidente Vladimir Putin.
El elemento principal del programa es la Soberanía. Las palabras clave de la nueva ideología son “Estado”, “Nacional”, “Pueblo”, “Influencia del exterior”, “Unidad” e “Integridad”. El uso de estas palabras de de varias formas y en distintas combinaciones es una de las manifestaciones de la nueva doctrina de la soberanía del Estado.
¿Pero qué quiere decir realmente Soberanía del Estado?
1- Independencia del Estado, libre de cualquier presión o injerencia ajena en asuntos externos e internos. Esto es, por ejemplo, de la presión de actores internos que actúen representando a fuerzas externas.
2- Rusia debería ser un centro independiente de poder e influir en su región. Un ejemplo positivo de centros de poder en otras regiones son EE.UU., la Unión Europea, China, Brasil, Sudáfrica e India.
El primer punto implica dos sentidos:
1.a) En primer lugar, es la encarnación de las ambiciones de Rusia conectadas con el deseo de supervisar la región; principalmente por razones de seguridad, pero no de expansión. Podemos decir que se trata de cierto tipo de reconquista*, la recuperación del control sobre territorios perdidos previamente. El objetivo de esto es afianzar las fronteras exteriores.
1.b) El segundo aspecto es esencialmente circunstancial y es una respuesta al presente inmediato. Se trata de la cuestión ideológica de oponerse a EE.UU. originada durante la Guerra Fría. Es decir: la disputa en torno a los conceptos de democracia y derechos humanos en la lucha política como herramientas de injerencia en los asuntos internos de otros estados.
I. La democracia soberana
Al poner sobre la mesa el concepto de democracia soberana, Rusia trata de demostrar su derecho a definir los conceptos de democracia y derechos humanos a la luz de sus características históricas y nacionales. La democracia, pero especialmente nuestra democracia, es la base de esta aproximación. El problema en cuestión guarda escasa relación con la democracia como concepto filosófico, político o legal. Rusia trata simplemente de mostrar que, con o sin la confianza ideológica de Occidente, es capaz de establecer por su cuenta su propia forma de responder a las realidades modernas.
La necesidad de autoidentificarse como estado democrático está conectada, aparentemente, con el siguiente paradigma: para que un Estado pueda declararse soberano, debe ser democrático. Eso significa que (1) representa legítimamente al pueblo y (2) se guía por ciertos valores universales; es decir, no representa una amenaza para la comunidad internacional y no es un agresor en potencia, una fuente de terrorismo, etc. Ser reconocido como un miembro de pleno derecho en la comunidad internacional de las democracias y ser reconocida en estos términos se está convirtiendo en un problema para el futuro de Rusia, lo que está conectado con su aspiración a resurgir como líder regional y mundial.
El segundo aspecto del concepto de soberanía, la independencia en los asuntos internos, tiene una ponderación más compleja. Se trata de la independencia del Estado para desarrollar su política interior en los límites de su territorio. Nadie tiene derecho a interferir en esta política desde el exterior.
Sin embargo, ¿cómo se relaciona esta independencia con los derechos del pueblo que ocupa un territorio dado?
II. El Estado como fuente y meta de la soberanía
El análisis del concepto de la democracia soberana nos permite afirmar con seguridad que enfatiza el concepto de Estado. Así, es diseñado como una herramienta de fuerza o simplemente como fuerza. El Estado es, simultáneamente, sujeto (el actor de la soberanía) y objeto (la expresión de la soberanía). Este concepto de fuerza, que es idéntico al de autoridad (a la vez que su contrario), es un concepto clave. La población, los ciudadanos del país, son básicamente el objeto de la política interna del Estado.
Esta aproximación no es accidental. Tiene profundas raíces históricas. Las ideologías dominantes en Rusia durante varios periodos históricos han relacionado siempre los conceptos de Estado, Pueblo y Suelo. El Estado es igual al Pueblo**, que equivale al Suelo***. Este suelo forma un conjunto indisoluble y es objeto de cuidado y gestión por parte del Gobierno.
En Rusia, la idea de “pluralismo” no ha sido nunca reconocida. La división del conjunto suelo-pueblo se relaciona con disociación territorial, relajamiento del poder del Estado y, como consecuencia, amenaza de pérdida de la soberanía-independencia del Estado y, finalmente, un acercamiento al caos.
Por tanto, la unidad (integridad) es uno de los valores clave en Rusia. Esto, a cambio, excluye la posibilidad de división de la autoridad, la distribución de la autoridad parlamentaria (considerada desintegradora), el reconocimiento del derecho a la oposición, invertir en los derechos de territorios particulares, etc. Es en este conjunto donde es posible situar el origen del estado-pueblo o del estado-suelo. Este concepto debe ser distinguido del de estado-nación, ya que incorpora cierta “divinidad”, se trata de un “suelo sagrado”: el imperio.
La esencia del concepto queda recogida en el siguiente esquema: unidad e integridad significan soberanía, que equivale a independencia y fuerza. Combina la soberanía del Estado y del Pueblo en un concepto uniforme de soberanía estatal- la soberanía del suelo- ejercida por un Estado fuerte legítimo****.
III. La vertical de poder
Sin embargo, todavía debemos distinguir entre dos soberanías: la ideal y la mítica. La soberanía del suelo ruso (pueblo-suelo por un lado, y la real, la soberanía del Estado como instrumento de poder y las elites que lo han defendido a lo largo de distintos periodos (la nobleza primero, la burocracia soviética, nomenklatura, etc.).
Esto resulta evidente en un ejemplo acerca de la paridad de los valores ideológicos básicos en Rusia. Durante mucho tiempo, la ideología oficial rusa ha proclamado tres conceptos básicos: pueblo, fuerza (un Estado fuerte; en el pasado, autocracia) y religión (en el pasado, la Ortodoxa). Resulta que fuerza y pueblo son dos conceptos distintos: la fuerza es separada del pueblo y el pueblo no posee fuerza ¿A qué nos referimos? No es difícil ver que se trata de la autoridad, de la administración del Estado como instrumento de poder.
También resulta visible este concepto en la idea de construcción empleada por Vladimir Putin en Rusia al referirse a una “vertical de poder”: el sistema centralizado de autoridad administrativa (ejecutiva). El concepto de democracia soberana sirve de apoyo a esta verticalidad. El estado fuerte que menciona es un fin en si mismo.
“Democracia soberana significa: un Gobierno basado en la voluntad soberana del pueblo, y que es independiente de cualquier actor en sus asuntos internos y sus posturas internacionales”, escribe uno de los autores de la colección Democracia soberana. Como vemos, el pueblo, a pesar de la proclamación de su voluntad soberana es, en realidad, secundario; y el Gobierno, independiente: primario. Es también el fin y el medio hacia el estado soberano.
Es necesario señalar que, en Rusia, el pueblo sólo es considerado sujeto cuando existe la necesidad de legitimar una forma política, un tipo de Estado, una dinastía, etc. Dos tipos de entidad han sido legitimadas históricamente en Rusia de esta manera: la fundación de una forma de Estado o régimen (como la elección de la dinastía Romanov en el siglo XVII) y la autorización de algún movimiento político determinado.
Por regla general, no se trata de elecciones ni de la formación de un Gobierno nacional. Suele tratarse de cierta forma de asamblea (constituyente) o de un referendo-plebiscito-consulta empleada para obtener legitimidad. No hemos de olvidar que, en la historia de Rusia, este tipo de convocatorias han sido pocas.
En los períodos dados entre estos eventos (que llamaremos ciclos constituyentes), la autoridad en Rusia ha operado y opera de forma independiente. Para sondear la opinión pública, emplea formas indirectas: sondeos, el análisis de las quejas al Estado y, en las últimas dos décadas, elecciones. En estas, destaca el porcentaje de participación electoral como barómetro de la actividad o apatía política. Aunque los resultados de las elecciones en la Rusia moderna están programados con antelación, tienen cierto valor político, ya que muestran a las autoridades el sentir de la población.
Los valores parlamentarios en Rusia son, como norma, negados o rechazados. Los parlamentos han sido considerados una fuente de división, descentralización, promoción del pluralismo y, en consecuencia, polarización de la sociedad, lo que es considerado un fenómeno fatal para la fortaleza del Estado independiente. De modo que el Parlamento, en Rusia, ha de ser reemplazado con sustitutivos de representación nacional – representantes sin poder legislativo – y otra autoridad investida con el poder absoluto de la administración del Estado: la burocracia.
Por tanto, la soberanía popular es separada del Estado y sólo adquiere valor por sí misma en el momento determinante de un ciclo constituyente. Durante el resto del tiempo, es objeto de la acción del Estado, que se atribuye el nombre de “soberanía”.
¿Cual es el desafío para el Estado soberano? La modernización, expresada en dos ideas básicas: competitividad y defensibilidad. Resulta necesario un Estado fuerte para hacer frente a estos problemas. Esta no es una aproximación nueva, procede de los tiempos de Pedro el Grande, que puso a prueba el modelo autocrático con un proyecto de modernización. Los líderes soviéticos actuaron de la misma manera durante la industrialización de los años ’30.
Entonces como ahora, el Gobierno permitió y permite una participación muy controlada en el debate sobre el proceso de modernización, manteniendo la iniciativa completamente en sus manos.
Conclusiones principales
El concepto de soberanía del Estado (soberanía democrática) ha sido desarrollado a modo de base de la nueva ideología del Estado como justificación de:
Las reivindicaciones de Rusia para recuperar su posición de liderazgo en la región y en el mundo.
Las reivindicaciones del aparato del Estado – las elites y las administraciones que están detrás en la actualización de la soberanía del pueblo, pero al margen de su voluntad. En esencia, se trata de la búsqueda de fuentes adicionales de legitimidad del poder fuera del marco democrático habitual. La soberanía del Estado, considerada como una combinación de la soberanía nacional y la soberanía popular significa en realidad la sustitución de la soberanía popular por la soberanía de los grupos de personas al frente de la autoridad.
Además, el concepto de soberanía democrática no es original; emplea ideas políticas y legales del conservadurismo oficial ruso desarrolladas durante siglos.
La justificación del monopolio de la autoridad política por parte del Estado soberano, ha sido declarada por el Gobierno proyecto de modernización, que asegura que aúna bienestar y fortalecimiento de la posición de Rusia en los asuntos internacionales. Así, la actitud de las autoridades hacia el pueblo sigue un patrón de paternalismo tradicional: la modernización se lleva a cabo en condiciones de restricción de la libre discusión de ideas y del pluralismo en la esfera política.
Traducción: Pablo Veyrat
Imagen: Vladislav Surkov (izquierda), creador del concepto de democracia soberana, asumido por el Kremlin como programa ideológico. A la derecha, el presidente ruso, Dimitri Medvedev (Daylife).
* En castellano en el original.
** El concepto de nación no se emplea en un país multinacional y con tendencia a la formación de imperios.
*** En el pasado, Rusia Sagrada, suelo materno; más tarde, Tierra Natal materna.
**** “La esencia de nuestra cultura es sentir el todo y no manipular los detalles; aunar y no dividir… [Estas son las raíces] de la ambición de alcanzar la unidad política a través de la centralización de las funciones del poder… El poder central fuerte aunó, controló y desarrolló un país inmenso, amplio tanto en tiempo como en espacio. Este poder ha realizado todos los cambios importantes” (Vladislav Surkov, junio de 2007). Esta aproximación es típica en los políticos e ideólogos rusos, comenzando con Iván el Terrible, Pedro el Grande y Catalina II.
Por La mirada al Este § 3 octubre, 2008 §
Uladzimir Uladzimirau (Minsk)- Imágenes tomadas en un colegio electoral de la región de Minsk el pasado domingo. Muestran a un grupo de observadores locales protestando al presidente de la mesa.
Observadora electoral: [al presidente de la mesa electoral, en traje] ¡Vladimir Ivanovich, los acaba de poner en un sólo montón [en alusión a los sufragios]!
Observador electoral: ¡Es verdad! ¿¡Como va a rellenar ahora el protocolo final!? [con los resultados de la mesa]
Presidente de la mesa: Se lo repito, lo hemos hecho según las instrucciones.
Observadora: ¿Qué instrucciones?
Observador: ¡Pero si ni siquiera ha contado las papeletas! No nos ha dicho cuántos votos son para Turovich, para Kazulina, para Lukashonok… [los candidatos de la circunscripción]. Los ha puesto todos en sólo montón sin contar nada.
Observadora: ¡Ha amontonado pilas de votos sin contar!
Observador: ¡Tienen que ser sellados en sobres separados! [con desesperación, a los observadores de la OSCE presentes a su lado] ¿Están viendo lo que está pasando?
Observadora: ¡Vladimirovich! ¿Dónde están los resultados? ¿Quién ha contado todo eso?
Presidente: Se lo repito, ya lo saben: los resultados constarán en el protocolo final. Una copia de éste les será entregada.
Observadora: ¡Pero si no han contado los votos!
Observador: ¡Ni siquiera los han contado! ¡¿Cuántos votos han sido para Turovich?!
Observadora: ¿Cuántos? Si los ha contado, ¿cuántos son? ¡Ni siquiera han contado nada!
Observador: ¿Cuántos son para Kazulina? ¿Cuántos para Lukashonok? ¡Díganos los resultados!
(Nótese que la distancia a la que son mantenidos los observadores, a diferencia de en otros procesos electorales, impide observar adecuadamente la veracidad del recuento de cada papeleta)
[Traducción: Aleg Pershanka / Pablo Veyrat]
Por Andrei Babitsky § 2 septiembre, 2008 §
(Especial para el Prague Watchdog, organización dedicada a documentar e informar sobre los abusos de los derechos humanos en el Cáucaso Norte. Traducido con autorización de la organización)
(Contexto para el lector de habla española: Magomed Yevloyev fue asesinado el domingo pasado al aterrizar en Nazrán. La república soberana de Ingusetia está integrada en la Federación Rusa. Limita con Chechenia al Oeste y con Osetia del Norte al Este. Mantiene con esta última un conflicto territorial derivado de la deportación estalinista que el pueblo ingús padeció durante la URSS y que en 1992 desembocó en un conflicto entre las dos regiones que se saldó con el intercambio forzado de población entre ambas, resultando entre 60.000 y 90.000 inguses expulsados de Osetia del Norte y 9.000 osetios expulsados de Ingusetia.
Al término del conflicto, Ruslán Aúshev fue elegido presidente y logró calmar la situación prolongando su mandato hasta que perdió las elecciones en circunstancias poco claras frente a Murat Zyazikov, antiguo general del KGB. Desde entonces la situación en la república ha empeorado hasta el punto de que la organización de Derechos Humanos Humans Right’s Watch publicó el pasado agosto un informe sobre los abusos, secuestros y desapariciones en ésta república norcaucásica)
* * *
Por alguna razón, cuando supe de la muerte de Magomed Yevloyev, fui inmediatamente a la lista de contactos de mi teléfono móvil y miré a ver si su nombre estaba ahí. La entrada con su nombre apareció en la pantalla como si nada hubiera pasado y como si todavía pudiera llamarle y estuviera vivo. Por un segundo, llegué a dudar si al apretar la tecla de llamada, escucharía su voz al instante. Pero no hice esa llamada, porque a mi edad ya sé que hacer una llamada no trae a nadie de vuelta a la vida.
Nos conocimos por primera vez hace unos meses en un foro de Derechos Humanos en Helsinki, aunque ya solíamos hablar por teléfono a menudo desde antes. Recuerdo que, antes de conocerle, lo había imaginado como un luchador infatigable, bravo e incondicional, uno de los que son absoluta y desinteresadamente leales a una sola verdad y que no pueden concebir su existencia sin ella. La página Ingushetiya.ru, de la que Magomed era dueño y director de hecho, no era precisamente un modelo de tolerancia y ecuanimidad, especialmente en el terreno de las relaciones internacionales. Así que pensaba que los foros inflamados y las críticas feroces y llenas de ira a las autoridades inguses que caracterizaban a la página eran la creación de un temperamento concreto, análogo al que había visto en la persona del luchador revolucionario Eduard Limonov, del Partido Nacional Bolchevique.
Pero todo fue muy diferente. Del avión que aterrizó en el aeropuerto de Praga, donde le conocí, bajó un hombre que ya no era joven. Parecía algo confundido y extremadamente inteligente. Con su traje y su corbata y el maletín que llevaba, me recordaba más a un tipo de funcionario ya medio olvidado que uno podía encontrar en tiempos soviéticos: paciente, delicado y preocupado por no crearle problemas a los que le rodean. O a un ingeniero de un instituto de investigación de provincias o al capataz de una fábrica en decadencia.
Pero aquella primera impresión también era errónea. Bajo el modesto aspecto de antiguo empleado en la oficina del fiscal se escondían una inmensa vitalidad y una increíble tenacidad. Durante los pocos días que pasamos en la habitación de un hotel, me explicó las circunstancias de su carrera política paralela, él mismo sorprendido por cómo había sido todo. Pero más aún, su destino como líder de oposición no deseado ni buscado nunca. Una vez dejó la oficina del fiscal para meterse en el mundo de los negocios, jamás imaginó que su vida iría en esa dirección. Le fue bien en los negocios y, en un momento dado, decidió crear una página web para dar a conocer la historia, la cultura y las costumbres del pueblo ingús. Eso era todo.
Pero los acontecimientos siguieron su propio curso. Rápidamente, la página tomó un cariz político, sobre todo los foros, después de que los conflictos recientes tornaran cualquier asunto de historia, e incluso cultura, en temas de máximo interés en medio de un contexto político explosivo ¿De qué iban las discusiones? Una cosa estaba clara: Ingushetia.ru se convirtió, sobre todo, en un foro para las quejas inacabables contra los osetios y para debatir las consecuencias del conflicto osetio-ingús. Pero habría más: rápidamente, el tema principal de discusión fue la operación anti-terrorista que Rusia llevaba a cabo, durante la que los agentes de los servicios especiales y los policías locales secuestraron y mataron a docenas de personas. Información acerca de torturas, “batidas”, arrestos de líderes de la oposición y las muertes accidentales de personas durante las operaciones especiales: todo estaba disponible al instante entre las noticias de la página.
Ingushetia.ru se convirtió rápidamente en la página más visitada de todo el Cáucaso Norte. Mientras tanto, las autoridades comenzaron a pelear con la página, tratando de cerrarla con cualquier pretexto. Magomed y su creación se enfrentaron a un torrente de acusaciones, fue puesto en la lista de buscados, había una auténtica cacería contra él en Ingusetia. Y aún así, sin mucho esfuerzo por esconderse, siguió volando a casa a ver a sus padres. Su padre le hizo prometer que dejaría sus actividades opositoras, y él prometió hacerlo porque, según la tradición ingús, uno no puede ir contra los deseos de sus padres. Pero sólo mantuvo su palabra en apariencia. De hecho, su activismo político ya se ahogaba confinado en los límites de su página de Internet. Magomed tomó parte en una campaña llamada “¡Yo no voté!” y se implicó personalmente en la recogida de datos de gente que no había votado en las elecciones parlamentarias. Organizó y financió la recogida de firmas para pedir la dimisión del presidente de la República de Ingusetia, Murad Zyazikov y por el regreso de Ruslán Aushev para reemplazarle. La última campaña de la oposición (la recogida de firmas para separar Ingusetia de Rusia) no fue un acto de provocación política o un coletazo de radicalismo rampante. Era la forma en que Magomed Yevloyev veía las cosas: pensaba que la única forma de detener la matanza del pueblo ingús por parte de Zyazikov y de las fuerzas especiales era llamar a la independencia nacional.
El presidente ingús odiaba a Magomed con una mezcla de histeria y esquizofrenia. No logró cerrar la página a través de medios legales, por lo que su gobierno ofreció comprarla por un millón y medio de dólares, y estaban dispuestos a subir el precio. Recientemente, Zyazikov había amonestado en público a sus subordinados de los cuerpos de seguridad. Durante las reuniones del gobierno, les acusó de no tener “hombres de verdad” en sus filas capaces de detener a Yevloyev. Y, finalmente, encontró a esos hombres, que no dudaron en descerrajar dos tiros a bocajarro en la cabeza de un hombre desarmado.
Magomed no era un luchador por naturaleza, un caballero sin miedo ni tacha. La política le agarró por casualidad y no le soltó hasta su muerte. Siempre me pareció muy curioso que la principal figura de la oposición en Ingusetia fuera un hombre paciente con el desorden en su página web y entre sus seguidores. Solía ser tolerante con las debilidades de su equipo editorial. Incluso con los que, por varias razones, a menudo frívolas, no iban a trabajar por días y a veces semanas. Sólo se le ocurría hacer el trabajo desatendido en su lugar. Carraspeaba, se llevaba las manos a la cabeza, pero nunca echaba la bronca o castigaba a nadie. Le dije que la lectura de los foros de su página, sobre todo los dedicados al conflicto oseto-ingús era deprimente por el nacionalismo desatado que albergaban. Estaba de acuerdo, pero no podía hacer nada. Carecía de las habilidades de un director de prensa y era incapaz de manejar a la gente ¿Cómo podía un hombre así ser la peor pesadilla de Murad Zyazikov? La respuesta es simple: a pesar de su naturaleza tranquila y amable se negó a convivir con lo que creía que era el genocidio del pueblo ingús, por muy discutible que tal categoría legal fuera.
Ahora, todos sus problemas pertenecen al pasado. Magomed ha sido asesinado. Docenas de personas fueron enviadas a arrestar a un hombre cuya única arma era un maletín lleno de documentos. Y le dispararon a plena luz del día, delante de toda Ingusetia. Sin embargo, los problemas de las autoridades inguses y rusas no sólo no se han resuelto, sino que se han multiplicado por varias docenas de veces. Las iniciativas de Magomed Yevloyev, incluyendo la independencia de la república, se han cobrado un precio en sangre y han dejado de ser un proyecto político abstracto para convertirse en una causa por la que ha sido arrebatada una vida. Ahora, estas iniciativas se han encarnado y tienen un futuro lejano y sombrío.
En cuanto a Zyazikov, no sobrevivirá, ni como político ni como ingús, a la muerte de Yevloyev. Aún para los estándares sin ley de hoy en día, disparar contra tus rivales políticos sin tratar de ocultarte es un asunto excepcional. Ni siquiera el Kremlin se imagina asumiendo la responsabilidad de la muerte violenta de los que considera sus enemigos y aquí tenemos, abierta y desvergonzadamente, uno de los asesinatos más cobardes. O reconocen este comportamiento como norma o tienen que hacer algo con la persona que ocupa el cargo de Presidente de Ingusetia.
El pueblo ingús no perdonará, simplemente porque no entra en sus costumbres perdonar tales cosas, aunque las haga un conductor de tractores o el funcionario protegido por el ejército y los cuerpos de seguridad del estado.
¡Hasta la vista, Magomed! Siento tanto que ya no estés aquí.
¡Hasta la vista, Murad Zyazikov! A quien lleva ese nombre no le aguarda un buen futuro.
Andrei Babitsky es periodista ruso
Traducción: Pablo Veyrat
(Foto: Magomed Yevloyev, blog en inglés de Ingushetiya.ru, la página original resulta inaccesible)
Por La mirada al Este § 27 agosto, 2008 §
Para todos los detalles, remitimos a la excelente crónica del corresponsal Rodrigo Fernández en El País.
A continuación, por su interés, traducimos el mensaje a la nación leído por televisión ayer en torno al mediodía por el presidente ruso, Dimitri Medvedev, tal y como lo ha proporcionado el Kremlin.
“¡Mis queridos compatriotas, ciudadanos de Rusia!
Sin duda alguna, estaréis al tanto de la tragedia de Osetia del Sur. El bombardeo de Tsjinvali al estilo de una ejecución nocturna llevado a cabo por el ejército georgiano produjo la muerte de centenares de nuestros civiles. Entre los muertos estaban los pacificadores rusos, que dieron su vida en cumplimiento de su obligación de proteger a mujeres, niños y ancianos.
El liderazgo georgiano, en violación de la Carta de Naciones Unidas, de sus obligaciones bajo acuerdos internacionales y contrariamente a la voz de la razón, desató un conflicto armado sobre civiles inocentes. El mismo destino le estaba reservado a Abjazia. Evidentemente, ellos, en Tbilisi, esperaban una guerra corta tipo blitzkrieg que hubiera puesto al mundo frente a hechos consumados. La forma más inhumana fue elegida para alcanzar este objetivo: la anexión de Osetia del Sur a través de la aniquilación de todo un pueblo.
Esta no era la primera vez que lo intentaban. En 1991, el presidente georgiano Gamsajurdia, habiendo proclamado el lema “Georgia para los georgianos”, ordenó ataques sobre las ciudades de Sujumi y Tsjinvali. El resultado consistió en miles de personas muertas, decenas de miles de refugiados y en aldeas devastadas. Y fue Rusia quien puso fin por entonces a la erradicación de los pueblos osetio y abjazo. Nuestro país dio un paso al frente como mediador y pacificador insistiendo en un acuerdo político. Al hacerlo, nos guiamos por el reconocimiento de la integridad territorial de Georgia.
El liderazgo georgiano eligió otro camino. Confundió los procesos de negociación, ignoró los acuerdos alcanzados, cometió provocaciones políticas y militares, atacó a los pacificadores: todas estas acciones violaban burdamente el régimen establecido en las zonas de conflicto con apoyo de la ONU y la OSCE.
Rusia ha mostrado calma y paciencia constantemente. Hemos pedido repetidamente volver a la mesa de negociaciones y no nos desviamos de nuestra postura incluso después de la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo. Sin embargo, nuestras propuestas al lado georgiano para cerrar acuerdos para descartar el uso de la fuerza con Abjazia y Osetia del Sur quedaron sin respuesta. Desgraciadamente, también fueron ignorados por la OTAN e incluso las Naciones Unidas.
Ahora ha quedado muy claro: una solución pacífica del conflicto no entraba en los planes de Tbilisi. El liderazgo georgiano se preparaba para la guerra, mientras que el apoyo político y material proporcionado por sus custodios extranjeros sólo servía para reforzar su propia percepción de impunidad.
Tbilisi hizo su elección en la noche del 8 de agosto de 2008. Saakashvili optó por el genocidio para obtener sus fines políticos. Al hacerlo, él mismo destrozó las esperanzas para una coexistencia pacífica entre osetios, abjazos y georgianos en un mismo estado. Los pueblos de Osetia del Sur y Abjazia se han pronunciado varias veces a través de referendums a favor de la independencia de sus repúblicas. Entendemos que después de lo que ha ocurrido en Tsjinvali y de lo que estaba preparado para Abjazia, tienen derecho a decidir su destino por sí mismos.
Los presidentes de Osetia del Sur y de Abjazia, basados en los resultados de los referendums llevados a cabo y en las decisiones tomadas por los parlamentos de las dos repúblicas, ha pedido a Rusia que los estados de soberanía de Osetia del Sur y de Abjazia. El Consejo de la Federación y la Duma Estatal han votado a favor de sus peticiones.
Una decisión tiene que tomarse basada en la situación sobre el terreno. Considerando el deseo libremente expresado por los pueblos osetio y abjazo y guiados por las provisiones de la Carta de Naciones Unidas, de la Declaración de principios de derecho internacional regulando las relaciones amistosas entre estados de 1970, del acta final de la CSCE de Helsinki de 1975 y de otros instrumentos internacionales fundamentales, he firmado los decretos por los que la Federación Rusa reconoce las independencia de Osetia del Sur y Abjazia.
Rusia invita a otros estados a seguir su ejemplo. No es una elección fácil de hacer, pero representa la única oportunidad de salvar vidas.”
Las reacciones en Occidente han sido de rechazo. El presidente de turno de la UE, Nicolás Sarkozy ha convocado una cumbre para discutir la respuesta europea el próximo lunes.
Bielorrusia: La Unión Europea emitió ayer un comunicado en el que planteaba que la reciente liberación de presos políticos en Bielorrusia podría llevar a una “revisión de las sanciones” impuestas a Bielorrusia. Estas medidas incluyen la prohibición de viajar a la UE para Lukashenka y otros altos cargos del gobierno.
EE.UU. y la UE impusieron las sanciones a Minsk tras las eleciones presidenciales de 2006, que consideraron amañadas por el gobierno bielorruso.
También el delegado del Secretario de Estado de EE.UU. para Asuntos Europeos y de Asia, David Merkel, consideró necesario “dar pasos en la normalización” de las relaciones entre EE.UU. y Bielorrusia. Pero aclaró que estos pasan por que las próximas elecciones permitan a la oposición hacer oir su voz y sean más limpias que las anteriores.