Aleg Pershanka (Bruselas)- La visita del líder de la oposición bielorrusa, Alexander Milinkievitch, al Parlamento Europeo la semana pasada pasó casi por completo desapercibida. Tanto para los políticos y diputados europeos como para la prensa. Milinkievitch viajó acompañado de otros cinco políticos bielorrusos: dos representantes de su Movimiento por la Libertad y otros tres de otros partidos de la oposición que apoyan al Alianza por la Independencia de Bielorrusa, la nueva plataforma política en la que ha unificado ocho partidos y movimientos de oposición.
El motivo de su viaje a Bruselas era, de hecho, presentar los resultados del primer congreso de la Alianza en el Foro Bielorruso Europeo. El nuevo partido busca una Bielorrusia europea. Sus partidarios consideran que existe una amenaza real de que el país sea absorbido por Rusia, por lo que urge una integración más profunda en Europa.
Milinkievitch se reunió con el presidente del Parlamento Europeo, Erzy Buzek y con eurodiputados de varias formaciones políticas, así como con miembros de la delegación encargada de las relaciones con Bielorrusia. No fueron muchos los diputados que asistieron a la reunión y más todavía los miembros de la delegación que ignoraron la visita. La apretada agenda de la Eurocámara y las demás instituciones parlamentarias puede explicar en parte que ocurriera esto.
De cualquier modo, Milinkievitch y su equipo no lograron persuadir a los socialistas europeos para que apoyaran un nuevo borrador de resolución para Bielorrusia. Al poco de la partida del líder opositor, la votación sobre una nueva resolución para el país fue excluida del programa de votaciones de la semana.
La visita coincidió con el momento en que el Consejo de Europa se pronunciaba sobre las sanciones impuestas al presidente Alexander Lukashenko y otros 35 altos cargos bielorrusos. La prohibición de entrar en los países de la Unión impuesta poco después de las elecciones legislativas de 2008 fue suspendida un mes después de entrar en vigor. Pero, a cambio, establecieron cinco condiciones para el gobierno bielorruso: acabar con los presos políticos, libertad de prensa, libertad de asociación y reunión con fines políticos, reforma de la ley electoral y libertad de acción para las ONGs. Los funcionarios añadieron a finales de 2008 que volverían a evaluar los progresos antes de tomar cualquier otra decisión respecto a Bielorrusia. Un año después, los expertos han constatado unánimemente la falta de progreso significativo en cualquiera de estas cinco esferas. Sin embargo, el Consejo de Europa ha tomado una decisión curiosa: ha prolongado las sanciones y, al mismo tiempo las ha suspendido.
El mal menor
Varios expertos consideran que la decisión no es tan mala. Si las sanciones volvieran a entrar en vigor, esto enfurecería probablemente a Lukashenko, llevándole a paralizar cualquier aproximación gradual a Occidente y a entregarse a los brazos de Rusia. Milinkievitch es de la misma opinión. Más todavía, durante su visita al Parlamento Europeo, pidió apoyo financiero para Bielorrusia (es decir, incluyendo al régimen político), a la vez que se dirigió al gobierno bielorruso pidiéndole reformas en el país.
Existe la opinión en Bielorrusia de que Milinkievitch está jugando un papel de facilitador entre Lukashenko y Occidente. Pero no es así: simplemente es débil políticamente y actúa con retraso.
No hace todavía un año que la nueva estrategia de la UE para Bielorrusia se hizo evidente. Europa sabía que el gobierno controlaba perfectamente la situación en Bielorrusia, pero la agresión rusa a Georgia precipitó la nueva aproximación. La UE se ha dado cuenta de que el cambio político a corto plazo es bastante improbable en Bielorrusia y ha decidido cooperar directamente con el gobierno bielorruso. La idea de perder el control sobre el país merced al fuerte crecimiento de la influencia política y económica de Rusia no le hacía ninguna gracia al autoritario líder bielorruso, que adora el poder más que cualquier otra cosa. Es por ello que Lukashenlo ha optado por salirse de la esfera de influencia rusa y hacer concesiones propicias para el diálogo con la UE.
Pero ha pasado un año y sólo ahora Milinkievitch y sus partidarios se reúnen con el Foro Bielorruso Europeo para darse cuenta de que a la UE le importa bastante poco su opinión sobre las relaciones con Bielorrusia y que no tiene más opción que aceptar el nuevo enfoque europeo.
Imagen: El líder opositor bielorruso, Alexander Milinkievitch (Internacional Liberal)

