Por Aleg Pershanka (Minsk) § 29 noviembre, 2008 §
El 13 de octubre, Lukashenko firmó el decreto número 555, que altera lo previsto en el decreto número 98, “Sobre los viajes por razones de salud de niños al extranjero sufragados con ayuda gratuita”. Según el nuevo documento, las organizaciones de caridad bielorrusas sólo pueden enviar niños a aquellos estados que hayan suscrito acuerdos internacionales con Bielorrusia que garanticen la seguridad y el retorno en el momento pactado de los niños que participen.
A primera vista, el contenido del decreto parece normal, pero examinémoslo más de cerca. El presidente de la Fundación Niños de Chernobil, Henadz Hrushawy, asegura que el decreto exige cambios de legislación a los países que quieran llegar a un acuerdo con Bielorrusia. “Pretenden que el Estado tenga derecho a intervenir en las actividades de las ONGs, como en nuestro país. Pero esto arruina la esencia de la caridad. La caridad tiene que ser llevada a cabo por actores no estatales, nunca por instituciones del Estado”, explica. El Gobierno suspendió las actividades de su fundación en agosto.
El único estado que ha llegado a un acuerdo de este tipo con Bielorrusia ha sido Italia. La razón es que, a finales de los ’90, establecieron un cierto tipo de Departamento de Asuntos Humanitarios. Era una estructura estatal que, encuadrada en un ministerio, otorgaba permiso a las organizaciones caritativas para llevar a cabo sus actividades.
Los problemas para los programas de salida al extranjero para niños bielorrusos comenzaron después de que Taciana Kazyra, de 16 años, no se presentara el pasado 5 de agosto en el aeropuerto de San Francisco para volar de vuelta a Minsk con otras 24 chicas y chicos y dos monitores de las organizaciones benéficas después de haber pasado el verano en Estados Unidos. Las autoridades bielorrusas exigieron el regreso de la chica y suspendieron los programas de salud. Por una ironía del destino, hace unos días se supo que, al parecer, Taciana está pensando en regresar a Bielorrusia y, con seguridad, volará pronto de vuelta.
Pero sería ingenuo pensar que la razón para suspender los programas de verano y tomar a los niños como rehenes es la mera respuesta al comportamiento estúpido (como dicen algunos) de Taciana, que provocó un escándalo internacional. Recordemos las palabras del hombre que toma las decisiones en este país. El 17 de noviembre de 2004, Lukashenko dijo: “La adopción de niños por extranjeros es una vergüenza para nuestro Estado, tenemos que deshacernos de ella de una vez por todas (…) Este proceso ha de ser reducido no sólo al mínimo, sino a cero (…) Tenemos que criar nosotros a nuestros niños”. Lo más interesante son las razones para argumentar de esta manera: “¿No veis en quién se convierten al regresar? ¿Cómo nos beneficiamos de esa forma de vida? El consumismo se propaga entre nuestra juventud y por nuestro país. No necesitamos esa crianza”.
Lukasenko esconde la razón verdadera utilizando el concepto de consumismo como excusa. Teme el contagio de los valores democráticos entre la juventud. No es un secreto que muchos de los que tuvieron la oportunidad de pasar un tiempo en el extranjero y de ver las ventajas de las sociedades democráticas, libres de la propaganda de los medios estatales, terminan convirtiéndose en partidarios de la democracia y participando en actividades y mítines de la oposición. De modo que el objetivo del régimen autoritario está claro. Pretende sobrevivir a largo plazo aislando de influencias externas a los jóvenes tanto como pueda.
“Me gustaría señalar un aspecto importante. Existe [en Bielorrusia] la prohibición de abandonar el país para aquellos que hayan quebrantado la ley y tengan algún proceso en trámite. Desconozco cuánta gente ha perdido su derecho (…) Pero el decreto número 555 metió a 30.000 niños directamente en esa lista. No se les permite salir”, señaló Henadz Hrushawy.
Por Viktor Denisenko (Vilnius) § 28 noviembre, 2008 §
Los periodistas que trabajan en el parlamento lituano pueden encontrarse pronto con algunos problemas. El presidente de la Cámara, Arünas Valinskas, ha propuesto impedir que los periodistas entrevisten o saquen fotos en algunas zonas del edificio. Entre los lugares a prohibir están la cantina, el restaurante, las zonas para fumadores e incluso los baños del parlamento. La prensa destaca que Valinskas prometió durante la campaña electoral hacer del Parlamento un lugar más transparente.
El presidente de la Cámara sostiene su posición alegando el “bajo nivel cultural” de algunos periodistas que acosan a los diputados. Valinskas pone por delante su experiencia como tertuliano televisivo y showman y dice conocer bien los “trucos de periodista”. Recordemos que, inmediatamente después de su elección para presidir el más alto órgano legislativo, el político tuvo varios encontronazos con gente de la prensa. En uno de ellos, terminó insultándose en directo con el conocido periodista de la cadena LNK Rüta Grinevičiūtė.
Pronto, carteles con signos recordando la prohibición a los periodistas de trabajar en cada sala aparecerán en los lugares mencionados. La prensa ve esto como un intento de impedir su trabajo. El presidente de la Cámara ha hecho realidad el sueño de muchos diputados de convertir el Parlamento en una “zona a cubierto de la mirada de los periodistas”.
Valinskas considera que las restricciones no afectan a la información parlamentaria. Pero la prensa se ha tomado las medidas como el primer paso hacia restricciones más duras todavía para su trabajo. Señalan que los funcionarios públicos deberían estar preparados para despertar más curiosidad en los medios y no esperar una “vida tranquila”.
De cualquier modo, las prohibiciones y restricciones rara vez llevan a nada bueno. La libertad de prensa es uno de los pilares de las sociedades democráticas y las autoridades tienden a limitar esta libertad por temor al ojo público. Pongámoslo de esta manera: nadie ha hecho nunca reportajes desde los baños del Parlamento, pero, hace un par de años, unos periodistas descubrieron que algunos diputados tomaban bebidas alcohólicas en el restaurante del edificio en horas de trabajo. Es evidente que los diputados tratan de protegerse sin pensar cuan ilícito es este deseo.
Por Aleg Pershanka (Minsk) § 27 noviembre, 2008 §

Aunque Bielorrusia no es un país muy poblado (sólo somos 9,6 millones de habitantes), tiene bastante éxito en los deportes. En el ranking final por equipos de las Olimpiadas de Pekín, quedó en el puesto 16. Y la posición fue aún mejor en cuanto al número de medallas, quedando en el puesto decimotercero.
El país tiene una de las selecciones de hockey más fuertes del mundo. Este año, el equipo de fútbol de una ciudad pequeña, el BATE de Borisov, entró en la Champion’s League y recibió el martes pasado al Real Madrid, quedado 0-1. Y el equipo femenino de baloncesto logró el tercer puesto en el campeonato europeo de de 2007, detrás de Rusia y España.
En países con regímenes autoritarios fuertes, la frontera entre las autoridades y la sociedad civil, desaparece. Como resultado, la vida pública se politiza. El deporte, también.
El seleccionador nacional, Berndt Stange ha criticado recientemente la situación de la prensa y los medios deportivos en Bielorrusia. Entre sus críticas, ha mencionado la calidad de las retransmisiones de los partidos de fútbol, en las que los cámaras enfocan gradas vacías y muestran almacenes y baños en lugar de a los hinchas animando. Esto tiene sentido. Pero cuando hablamos de partidos jugados fuera de Bielorrusia, a los cámaras no se les ocurre hacer primeros planos de los asientos vacíos por la sencilla razón de que no quieren perder su empleo. La razón de este contraste es que, en el extranjero, los hinchas pueden entrar en el estadio con símbolos nacionales prohibidos en Bielorrusia. Si alguien apareciera en un partido en Bielorrusia con esos símbolos, se las tendría que ver con la policía.
A veces, la autocensura crea situaciones infinitamente ridículas. El mes pasado, el BATE recibió en casa a la Juventus y empataron 2-2. Dos días después, el Sportivnaya panorama, el diario deportivo oficial del Ministerio de Deporte y Turismo publicó en primera página fotografías del encuentro. Pero parecía que los colores del club habían cambiado sin razón alguna. En lugar de las bicolores amarillas, azules y amarillas del equipo que los hinchas habían llevado, ¡las fotografías los mostraban agitando la bandera oficial!
El director del periódico, Viktor Riabnin, tuvo que confesar más tarde que los colores habían sido alterados. Pero, en lugar de avergonzarse y pedir excusas, dijo: “Hay símbolos que no pueden ofender a nadie. Es imposible ofender con el amor, la educación y, más aún, con los símbolos del Estado” ¡Menuda inclinación ante las autoridades!
La razón del cambio es muy simple. Miren las fotografías. Los símbolos nacionales (la bandera de dos franjas horizontales blancas con una roja entre ambas y un caballero como escudo) fueron cambiados en el referéndum ilegal de 1996. Los emblemas soviéticos ligeramente modificados fueron asumidos como símbolos nacionales en su lugar. Hoy en día, por manifestarse o mostrarse con la bandera nacional, prohibida desde 1996, uno puede ser multado o sentenciado a 15 días de cárcel.


Imágenes: Fotografía del encuentro en color (arriba) y en blanco y negro (abajo). Detalle de la portada del Sportivnaya panorama (a la derecha). Nótese la similitud de la bandera republicana (abajo) con la del BATE en la fotografía en blanco y negro. Fotografías de Antón Motolko.
Por Julia Zimmermann (Varsovia) § 26 noviembre, 2008 §

El 11 de noviembre es la fiesta nacional polaca, un aniversario simbólico de la recuperación de la independencia en 1918. Después de 123 años de no-existencia, Polonia tenía al fin su propio Gobierno (aunque, por entonces, había al menos dos entidades atribuyéndose tales prerrogativas, así como varias locales), su propio territorio (que dependía de la comunidad internacional y sus vecinos; las disputas con Lituania, Ucrania, Alemania y la recién nacidas URSS y Checoslovaquia terminaron con la Segunda Guerra Mundial) y sus propios problemas.
El nuevo estado todavía necesitaba el reconocimiento internacional (el de las potencias vencedoras). Paradójicamente, el primer país en reconocerlo fue Alemania, concentrada en sus problemas internos. Los mayores problemas consistieron en unir las partes de un país que antes pertenecía a tres estados diferentes, introducir una moneda común, llevar a cabo reformas sociales profundas (la más urgente era la de la propiedad de la tierra), gestionar la crisis económica de la posguerra y otros conflictos surgidos del hecho de que muchos ciudadanos polacos pertenecían a minorías nacionales y pretendían cambiar esto, por ejemplo, con las armas.
El reconocimiento internacional vino pronto, pero la definición de las fronteras seguía abierta. Al Este, Polonia combatía los ejércitos soviéticos que trataban de alcanzar la Alemania revolucionaria para apoyar a sus camaradas y la causa de la revolución mundial. Una parte de Lituania había sido incorporada a Polonia, Vilnius incluida, en una acción aventurera que dañaría las relaciones por los veinte años siguientes. Al Oeste, sólo triunfó un levantamiento polaco que logró incorporar una nueva región desde Prusia (por el éxito y la relativa falta de mártires, se dice que éste es el alzamiento polaco olvidado). Otras disputas con Alemania serían resueltas mediante plebiscitos auspiciados por la Sociedad de Naciones. Pero antes de las votaciones, la población alemana de los territorios en cuestión creció enormemente, por lo que sólo algunos municipios acabaron incorporados a Polonia. Las acusaciones de fraude se sucedieron, así como varios intentos, generalmente fallidos, de alterar los resultados mediante acciones guerrilleras. Bueno, aquellos fueron los gloriosos comienzos.
Hace unos meses, el presidente Kaczyński comenzó su gira por Polonia. Ante la acusación de estar haciendo campaña presidencial encubierta (las próximas elecciones son en 2010) y de emplear dinero público para ello, se apresuró a presentar su idea de una celebración positiva del 90 aniversario de la independencia, cambiando la tradición de destacar la tristeza y el martirio. Una parte de su plan consistía en reunirse con ciudadanos de distintas (pero muy pobladas) ciudades por todo el país. La segunda parte iba a ser un gran baile el 11 de noviembre, que reuniría a los líderes de la mayor parte de Europa, si no del mundo entero.
Los anteriores presidentes polacos tenían que ser invitados. Esto presentaba la perspectiva de imaginar al presidente Kaczyński cenando con el ex presidente Wałęsa mientras los tribunales decidían si el último había injuriado a Kaczyński y con el general Jaruzelski, ex presidente también, procesado en este momento por decretar la ley marcial en 1981. Teniendo en cuenta que media Europa celebra la fecha y que Polonia tiene una relación más bien tensa con, por ejemplo, Rusia, los periodistas no cesaban de preguntar quién había confirmado su asistencia por un lado y si el primer ministro Tusk y otros miembros del Gobierno (cuyas relaciones con Kaczyński no son precisamente excelentes) habían sido invitados.
La lista de líderes extranjeros que confirmaron asistencia fue tan corta que el baile quedó convertido en gala: un concierto de canciones patrióticas polacas y una cena solemne. Sólo fue invitado un ex presidente, Aleksander Kwaśniewski. Los miembros del Gobierno recibieron las invitaciones muy tarde y muchos sólo asistieron a la ceremonia oficial en la Tumba del Soldado Desconocido. Del mismo modo, los pocos invitados extranjeros, entre ellos, Angela Merkel, Mijaíl Saakashvili y Víctor Yúshchenko se fueron antes del concierto. A la vista del programa, consistente en arreglar viejas canciones patrióticas, la mayoría de soldados, para que sonaran melancólicas y encargar la actuación a artistas populares de la vieja guardia, no fue una mala idea. No podía salir bien. No hubo periodistas en la cena, pero algunos invitados han informado de que fue bastante aburrida. Iba a ser algo tan hermoso y terminó como siempre.
Mapa: Polonia, 1933.
Imagen: El presidente polaco Lech Kaczyński (Wikipedia).
Por Azniv Andreasyan (Yereván) § 25 noviembre, 2008 §
Ya le esperaban cuando salió de la oficina y se dirigía al coche. Tres desconocidos se abalanzaron sobre él sin mediar palabra y comenzaron a golpearle salvajemente… Se trata del hombre que hace tan sólo dos meses recibía el prestigioso Global Shining Light Award por sus brillantes trabajos de periodismo de investigación. Es Edik Baghdasaryan, presidente de la ONG Periodistas de Investigación, el director de la revista digital Hetq.
Edik Baghdasaryan es conocido en Armenia por investigar temas delicados relacionados con lo social, lo económico y la vida pública; por escarbar hasta el fondo de los asuntos y descubrir a los responsables, sin hacer excepciones con las autoridades, como hizo en su artículo El ministro y el sector minero, que le ha valido el Global Shining Light ya mencionado. Algo así es realmente inusual en la Armenia postsoviética.
Lo cierto es que sus estudiantes del Departamento de Periodismo de la Universidad Estatal de Yereván, suelen sorprenderse de que siga vivo con esa forma de trabajar a lo “hablar sobre todo”. Si uno le pregunta a sus colegas por qué fue atacado Edik, responderán: “Porque es un buen periodista”. De modo que el “buen periodista” fue agredido en una esquina, en la oscuridad, golpeado en la cabeza con una piedra y todo esto es normal, porque a nadie le sorprende… la gente todavía está acostumbrada a la aproximación soviética al concepto de libertad de expresión.
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¿Ha sido este un intento de matar a Baghdasaryan o simplemente un aviso para que se replantee su forma de trabajar? Los atacantes escaparon en cuanto vieron la sangre manar de su cabeza. Él corrió de regreso a la oficina y pidió que le llamaran una ambulancia. Medio desnudo y ensangrentado, fue llevado al hospital. Dice que no vio ninguna cara. Los médicos afirman que la salud de Baghdasaryan es satisfactoria por el momento.
Los medios han relacionado la agresión con su trabajo al cubrir la noticia, probablemente una de sus investigaciones. La pregunta es con cuál, porque se ha creado muchos enemigos precisamente a raíz de sus investigaciones. En este momento, Baghdasaryan trabaja en una serie de reportajes sobre el sector minero y la caza ilegal.
El mismo día de la agresión, el 17 de noviembre, la oficina de la Asamblea Civil del grupo de Helsinki condenó el ataque a Baghdasaryan y declaró que éste hacía patente que los periodistas y los defensores de los Derechos Humanos se han convertido en objetivos a batir en Armenia. Todas las agresiones similares han quedado sin resolver, lo que prueba la inactividad consciente de las autoridades que buscan la liquidación de las últimas islas de protección para los Derechos Humanos y las libertades a través de la impunidad y una atmósfera de miedo.
Sin embargo, cuando el primer ministro de Armenia, Tigrán Sargisian, visitó al día siguiente de la agresión a Edik Baghdasaryan, le aseguró su confianza en que los culpables serían encontrados pronto…